Sevilla, 24 de enero de 2009. Marta del Castillo tenía 17 años cuando desapareció después de haber quedado con amigos. La investigación terminó demostrando que había sido asesinada, pero dejó una pregunta que continúa abierta más de diecisiete años después: dónde está su cuerpo.
Una desaparición que se convierte en asesinato
Las primeras horas estuvieron marcadas por la búsqueda de una adolescente desaparecida. Pronto las pesquisas se concentraron en el entorno de Marta y especialmente en Miguel Carcaño, con quien había mantenido una relación.
Carcaño acabó reconociendo su implicación, aunque a lo largo de los años ofreció numerosas versiones distintas sobre cómo ocurrió la muerte y sobre el destino del cuerpo.
Búsquedas en el Guadalquivir, un vertedero y otros puntos
Cada cambio de versión obligó a comprobar nuevos escenarios. La Policía rastreó el río Guadalquivir, examinó durante cuarenta días miles de toneladas de residuos en un vertedero y realizó excavaciones en diferentes lugares de Sevilla y su área metropolitana.
Ninguna de esas actuaciones permitió localizar los restos de Marta.
La condena de Miguel Carcaño
En enero de 2012 la Audiencia de Sevilla condenó a Carcaño a 20 años de prisión por asesinato. El Tribunal Supremo elevó posteriormente la pena a 21 años y tres meses y le impuso también la obligación de asumir el coste de las búsquedas realizadas.
El resto de acusados adultos fueron absueltos en aquel juicio. Francisco Javier García, conocido como «El Cuco», que era menor en el momento de los hechos, fue condenado en un procedimiento separado por encubrimiento.
Versiones que nunca llevaron al cuerpo
El problema central del caso es que ninguna de las versiones sobre el paradero del cadáver ha podido ser confirmada. Esa incertidumbre mantiene abierta una parte esencial de la investigación incluso después de la condena por asesinato.
La familia ha continuado promoviendo búsquedas y aportando informes con posibles localizaciones.
Una condena sin posibilidad de despedida
El caso Marta del Castillo es singular porque existe una sentencia firme que establece la responsabilidad por su muerte, pero falta el elemento que para la familia sigue siendo fundamental: recuperar el cuerpo.
El paso de los años no ha reducido esa reclamación. Cada nuevo dato tecnológico, movimiento de teléfonos o testimonio vuelve a analizarse con la esperanza de obtener una localización fiable.
Una pregunta que sobrevive al proceso judicial
La Justicia pudo condenar a un responsable, pero no pudo responder a todas las preguntas. El nombre de Marta sigue ligado a una búsqueda que se ha convertido en una de las más largas y costosas de la historia reciente de España.
Mientras su cuerpo no aparezca, el expediente seguirá teniendo una parte sin cerrar.