La devastadora riada que golpeó esta semana la frontera entre Nepal y el Tíbet continúa elevando su balance de víctimas mientras los equipos de emergencia tratan de alcanzar zonas aisladas por el barro, los desprendimientos y la destrucción de carreteras y puentes.
Las cifras oficiales seguían variando a última hora del 28 de agosto por la magnitud del desastre y por las dificultades para acceder a algunos de los puntos más afectados. Distintos balances difundidos por las autoridades nepalesas situaban ya los fallecidos en varios centenares, con más de un millar de personas todavía desaparecidas entre ambos lados de la frontera.
Una avenida de agua y lodo arrasó kilómetros de valle
La emergencia comenzó el miércoles 26 de agosto en la región del Himalaya, después del colapso de una masa glaciar y varios desprendimientos que provocaron una enorme avenida de agua, barro y rocas. La riada descendió con enorme velocidad por los valles del norte de Nepal y alcanzó también áreas del Tíbet.
Localidades enteras quedaron cubiertas por sedimentos. Viviendas, vehículos, puentes y tramos de carretera fueron arrastrados o quedaron inutilizados, dificultando la llegada de maquinaria pesada y de equipos de rescate.
Rescate contrarreloj y una nueva amenaza
Las operaciones de búsqueda se reanudaron después de una suspensión temporal provocada por el temor a que un lago formado por los desprendimientos pudiera desbordarse y desencadenar otra crecida. Las autoridades mantienen vigilancia permanente sobre el cauce y han pedido a la población que permanezca alejada de las riberas.
Miles de policías, militares y efectivos de emergencia trabajan en la zona con helicópteros, drones y maquinaria pesada. Entre los desaparecidos hay residentes locales y numerosos visitantes extranjeros que se encontraban en rutas turísticas y de montaña.
Una de las peores catástrofes recientes de la región
La magnitud del desastre ha obligado a movilizar recursos nacionales e internacionales. Organizaciones humanitarias calculan que decenas de miles de personas necesitan asistencia urgente, mientras continúan las labores para restablecer comunicaciones, localizar supervivientes y asegurar los puntos donde podrían producirse nuevos desprendimientos.
Las autoridades advierten de que el balance podría seguir aumentando conforme los equipos accedan a zonas que continúan incomunicadas.
Ubicación: Nepal y Región Autónoma del Tíbet, China.