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Alarma en la cárcel de Alhaurín: vuelven los ‘chinazos’ entre internos y los funcionarios reclaman más atención

Funcionarios del Centro Penitenciario Málaga I alertan de la reaparición de autolesiones entre reclusos, una conducta que relacionan con conflictos, deudas, presión dentro de los módulos y problemas de salud mental.

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ALHAURÍN DE LA TORRE (MÁLAGA). La reaparición de autolesiones entre internos del Centro Penitenciario Málaga I, en Alhaurín de la Torre, ha encendido la preocupación entre funcionarios y representantes de trabajadores. Se trata de los conocidos en el argot carcelario como “chinazos”, cortes autoinfligidos que, según fuentes penitenciarias, habían perdido presencia en los últimos meses pero vuelven a detectarse en una prisión que arrastra una realidad especialmente compleja: conflictos entre internos, problemas de adaptación, deudas dentro de los módulos, amenazas, presión ambiental y una creciente demanda de atención psicológica y psiquiátrica.

La alerta ha sido trasladada por trabajadores del centro y por el sindicato Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM), cuyas declaraciones han sido recogidas este martes por Málaga Hoy. El colectivo insiste en que cada episodio debe analizarse de forma individual y no reducirse a una mera conducta reivindicativa. Detrás de una autolesión puede existir desde un intento de forzar un cambio de módulo o conseguir atención médica hasta una situación de miedo, desesperación o deterioro de la salud mental.

Una conducta antigua que vuelve a preocupar

Las autolesiones en prisión no son un fenómeno nuevo. Durante décadas formaron parte de la realidad penitenciaria española, aunque sus causas y su contexto han ido cambiando. En el caso de Alhaurín de la Torre, las fuentes consultadas señalan que este tipo de episodios había disminuido de forma notable antes de su reciente reaparición.

Los funcionarios subrayan que no existe una única explicación. Los conflictos de convivencia, las malas noticias relacionadas con procedimientos judiciales, la presión de otros reclusos, las deudas contraídas dentro de prisión, los problemas psiquiátricos o la búsqueda de una salida temporal de un módulo conflictivo aparecen entre las situaciones descritas. El problema, advierten, es que una conducta inicialmente vinculada a una protesta o a una situación concreta puede convertirse en una emergencia sanitaria grave.

Por esa razón, los episodios obligan a activar la respuesta sanitaria y de vigilancia del centro, alteran el funcionamiento ordinario de los módulos y, cuando el riesgo lo exige, pueden derivar en la incorporación del interno a protocolos específicos de prevención de conductas suicidas.

La salud mental, en el centro del debate

La preocupación expresada por los trabajadores conecta con un problema conocido por la propia Administración penitenciaria. Instituciones Penitenciarias dispone desde hace años de programas específicos de prevención de suicidios y de atención a personas con enfermedad mental, y sus propios documentos técnicos consideran las autolesiones y las conductas suicidas como uno de los ámbitos que requieren vigilancia clínica, tratamiento y seguimiento individualizado.

Una guía oficial del Ministerio del Interior sobre salud mental en prisión recordaba ya que una parte relevante de la población penitenciaria presenta trastornos mentales o antecedentes de consumo de drogas, factores que aumentan la necesidad de atención especializada. Más recientemente, Instituciones Penitenciarias ha mantenido programas y estudios específicos sobre suicidios, tentativas y conductas autolíticas dentro de los centros.

El sindicato TAMPM reclama precisamente que esa atención no se concentre únicamente en los módulos terapéuticos. Su planteamiento es que los departamentos con mayor conflictividad también necesitan intervención psicológica y psiquiátrica, equipos técnicos suficientes y una evaluación individualizada de los internos que muestran señales de vulnerabilidad.

Conflictos, deudas y miedo a volver al módulo

Entre los factores señalados por los trabajadores aparece también la existencia de deudas y conflictos entre internos. En un centro penitenciario, una disputa económica, una amenaza o una situación de coacción puede convertir el regreso al módulo en una fuente de temor para el preso. En algunos casos, explican las fuentes consultadas, la autolesión puede convertirse en una forma desesperada de pedir ayuda o de intentar ser trasladado temporalmente a otra dependencia.

Los funcionarios insisten, sin embargo, en que la existencia de una finalidad concreta no elimina el posible sufrimiento psicológico. Un interno puede pretender conseguir un cambio de ubicación y, al mismo tiempo, encontrarse en una situación real de angustia, miedo o trastorno mental. Esa combinación es la que lleva a reclamar que cada episodio sea valorado desde una doble perspectiva: seguridad penitenciaria y atención sanitaria.

Una prisión con más de tres décadas de funcionamiento

El Centro Penitenciario de Málaga, situado en Alhaurín de la Torre, abrió sus puertas en diciembre de 1991. En un acto institucional celebrado con motivo de su 25 aniversario, el Ministerio del Interior detalló que el complejo dispone de 13 módulos, enfermería y más de 750 celdas, además de dependencias complementarias. Aquellos datos corresponden a 2016 y sirven como referencia histórica de la dimensión del recinto, aunque la población reclusa y la organización interna han variado con el paso de los años.

En 2026 la prisión ha vuelto además a situarse en el foco por otros problemas de seguridad, especialmente por el uso de drones para introducir objetos prohibidos. Durante el verano se anunció la implantación de sistemas antidrones en Málaga I, una muestra de los nuevos retos a los que se enfrenta la vigilancia penitenciaria. Ese contexto no está directamente relacionado con los episodios de autolesión, pero refleja la complejidad creciente de la gestión diaria de un centro con perfiles internos muy diversos.

Los trabajadores piden más medios y seguimiento individual

La reivindicación de los funcionarios va más allá de atender la lesión cuando se produce. Reclaman una mayor presencia de equipos técnicos, atención psicológica y psiquiátrica, detección temprana de amenazas o conflictos y una clasificación interior que permita identificar situaciones de especial riesgo.

También advierten de cambios en el perfil de la población penitenciaria, con internos más jóvenes, personas con dificultades de adaptación y un peso cada vez mayor de los problemas de salud mental. Para los trabajadores, los módulos conflictivos no pueden convertirse únicamente en espacios de contención, sino que requieren intervención especializada para reducir la violencia, las coacciones y las conductas autolesivas.

Por el momento no se ha difundido una cifra oficial por parte de Instituciones Penitenciarias sobre el número de episodios recientes registrados en Alhaurín de la Torre. La información disponible parte de testimonios de funcionarios y representantes sindicales, por lo que la dimensión exacta del repunte no puede cuantificarse con datos públicos. Sí existe, en cambio, una coincidencia en la advertencia principal: la reaparición de estas conductas debe abordarse como un indicador de riesgo y no únicamente como un problema disciplinario.

Prevención antes que reacción

Los protocolos penitenciarios contemplan la prevención de conductas suicidas y autolíticas como una responsabilidad compartida entre los ámbitos sanitario, tratamental y de vigilancia. La detección temprana de cambios de comportamiento, amenazas, aislamiento, deterioro psicológico o conflictos graves puede resultar decisiva para evitar que una crisis termine en una lesión de mayor gravedad.

En Alhaurín de la Torre, la preocupación de los funcionarios vuelve a poner sobre la mesa una cuestión que trasciende el episodio concreto: cómo combinar seguridad, disciplina, convivencia y atención a la salud mental dentro de una prisión que funciona desde hace más de tres décadas y que se enfrenta a problemas muy distintos de los que marcaron sus primeros años.

Fuentes consultadas: información publicada por Málaga Hoy a partir de fuentes penitenciarias y del sindicato TAMPM; documentación pública del Ministerio del Interior e Instituciones Penitenciarias sobre el Centro Penitenciario de Málaga, salud mental y prevención de conductas autolíticas.

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