Puente Genil (Córdoba), 19 de julio de 1995. Casta Castrillo tenía 31 años y salió a dar uno de sus habituales paseos en bicicleta. Aquella tarde fue vista por varios vecinos. Horas después la bicicleta apareció abandonada junto a la carretera. De Casta no había rastro.
Una semana de incertidumbre
Durante siete días familiares, fuerzas de seguridad y vecinos buscaron a la joven. Finalmente, su cuerpo fue localizado bajo un olivo, a varios kilómetros del punto donde había aparecido la bicicleta.
La investigación determinó que había sufrido una muerte violenta, pero las primeras actuaciones dejaron deficiencias que terminarían condicionando el caso.
Una escena sin proteger adecuadamente
El lugar del hallazgo no fue aislado de forma eficaz y muchas personas pudieron acercarse. No se recogieron determinadas muestras que años más tarde habrían resultado esenciales para saber si Casta murió allí o si su cuerpo había sido trasladado.
La autopsia se practicó en condiciones muy alejadas de los estándares actuales y varias evidencias quedaron contaminadas o mal documentadas.
Una llamada que tardó años en comprobarse
La noche del hallazgo, una llamada anónima a la Policía Local mencionó el nombre de una posible persona relacionada con el crimen. La comprobación inicial se limitó al padrón del municipio. Años después se descubrió que existían personas con ese mismo nombre en localidades cercanas.
La investigación también recibió testimonios sobre un vehículo oscuro observado en la zona y sobre posibles confesiones realizadas a terceros. Ninguna línea permitió sostener una acusación definitiva.
El ADN que llegó demasiado tarde
La familia luchó para que algunas evidencias fueran analizadas con técnicas genéticas que no estaban disponibles en 1995. Aparecieron perfiles de ADN que alimentaron nuevas líneas, pero el enorme retraso y los problemas de la investigación inicial dificultaron su interpretación.
Un sospechoso llegó a ser detenido, pero no existieron pruebas suficientes para llevar el caso a una condena.
Una familia que nunca dejó de pedir respuestas
Cipriano Castrillo, padre de Casta, dedicó años a reclamar nuevas diligencias y a denunciar los errores cometidos en las primeras fases. La historia se convirtió en un ejemplo de cómo una investigación deficiente puede limitar para siempre la posibilidad de hacer justicia.
El crimen sigue sin resolver
No existe una sentencia que determine quién mató a Casta Castrillo. Las confesiones atribuidas a terceros, los sospechosos y las hipótesis deben seguir tratándose como tales.
Más de treinta años después, Puente Genil conserva uno de los grandes casos abiertos de la crónica negra andaluza.