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El Caso, noticias nacionales de sucesos con origen en Málaga

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Málaga

El misterio del Pasillo de Atocha: tres disparos en la Málaga de 1904

La noche del 27 de diciembre de 1904, tres disparos rompieron la calma del Pasillo de Atocha. Miguel Sepúlveda quedó agonizando y una mujer apareció herida de bala. Más de un siglo después, las fuentes conservadas siguen sin aclarar quién disparó a quién.

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Málaga, 27 de diciembre de 1904. Eran alrededor de las once de la noche cuando un episodio violento dejó una de esas historias que sobreviven de forma fragmentaria en las hemerotecas y en los repertorios de efemérides. El escenario fue el Pasillo de Atocha, una vía situada junto al Guadalmedina, muy cerca del Hoyo de Esparteros y de la plaza de Arriola. El nombre que ha llegado hasta nosotros es el de Miguel Sepúlveda. El resto permanece envuelto en una incertidumbre que, más de un siglo después, obliga a separar con cuidado lo documentado de lo supuesto.

La referencia histórica conservada es breve, pero suficientemente concreta para fijar una cronología básica. Una recopilación de historia local dedicada al Pasillo de Atocha fecha el suceso el 27 de diciembre de 1904 y lo sitúa a las once de la noche. Según esa fuente, Sepúlveda atravesaba la calle cuando se encontró con una mujer con la que había mantenido anteriormente relaciones. Poco después se oyeron tres disparos. Cuando varias personas acudieron al lugar, hallaron a Sepúlveda agonizando y a la mujer con dos heridas de bala, una en el pecho y otra en la sien. Sepúlveda murió al día siguiente.

Eso es, en esencia, lo que puede afirmarse con respaldo documental razonable. A partir de ahí comienzan las preguntas.

Lo que sabemos con seguridad

La versión reproducida por Investigaciones Históricas Provinciales Malagueñas coincide, en sus elementos esenciales, con otra reconstrucción posterior que atribuye el relato a las Efemérides de Málaga y su provincia de Narciso Díaz de Escovar y Joaquín María Díaz Serrano. La Biblioteca Virtual de la Provincia de Málaga conserva una copia digital de esa obra, publicada en 1915 por la imprenta de La Unión Mercantil. Se trata de una referencia importante porque sitúa el origen del relato en una recopilación histórica relativamente próxima a los hechos.

De ese núcleo documental pueden extraerse cinco hechos básicos: el episodio ocurrió en el Pasillo de Atocha; tuvo lugar la noche del 27 de diciembre de 1904; Miguel Sepúlveda se encontró con una mujer con la que había mantenido relaciones; se escucharon tres disparos; y cuando llegaron testigos, Sepúlveda estaba agonizando y la mujer presentaba dos heridas de bala. La muerte de Sepúlveda se produjo al día siguiente.

Lo que no aparece aclarado en las fuentes consultadas es igualmente importante: no se identifica de forma inequívoca quién disparó, no se explica la secuencia exacta de los tiros, no se ofrece el nombre de la mujer y no se conserva en estas referencias una resolución judicial que cierre el caso.

Una Málaga que estaba cambiando

Para entender el escenario hay que imaginar una Málaga muy distinta a la actual. El Pasillo de Atocha formaba parte del borde urbano vinculado al Guadalmedina y al Hoyo de Esparteros. Estudios de historia urbana sitúan la calle prácticamente paralela al río y la relacionan con el antiguo espacio de los esparteros, donde durante siglos se trabajó la atocha o esparto.

Un estudio publicado en la revista Isla de Arriarán por el historiador del arte Antonio Jesús Santana Guzmán describe el Hoyo de Esparteros como un espacio triangular conectado con la plaza de Arriola y el puente de la Esperanza, con el Pasillo de Atocha como vía paralela al Guadalmedina. La denominación de la zona estaba ligada tanto a los trabajos con esparto como a una antigua imagen de la Virgen de Atocha.

El barrio había cambiado mucho durante el siglo XIX. Los padrones municipales citados por investigadores locales documentan residentes en el Pasillo de Atocha al menos desde 1850. Por sus casas pasaron jornaleros, comerciantes, artesanos, profesionales y familias de muy distinta condición. Era, por tanto, una calle viva, integrada en uno de los espacios de tránsito más intensos del centro malagueño.

La noche de los tres disparos

La escena que puede reconstruirse documentalmente es mínima. Miguel Sepúlveda caminaba por el Pasillo de Atocha. Allí se encontró con una mujer a la que conocía y con la que, según la fuente histórica, había mantenido una relación. Después se escucharon tres detonaciones.

Cuando acudieron otras personas, el resultado ya estaba a la vista. Sepúlveda se encontraba gravemente herido, en estado agónico. La mujer presentaba dos impactos de bala: uno en el pecho y otro en la región temporal o la sien, según las versiones posteriores que reproducen el texto histórico. Sepúlveda murió al día siguiente.

Las fuentes consultadas no aportan una descripción fiable del arma, no indican quién la portaba, no explican la distancia de los disparos ni mencionan testigos directos del momento en que se accionó. Tampoco hemos localizado una autopsia, un informe médico completo, un atestado policial o una sentencia que permita reconstruir científicamente la secuencia.

Ese vacío documental impide convertir una hipótesis en certeza.

¿Quién disparó a quién?

Es la gran pregunta del caso y, con la documentación localizada hasta ahora, no tiene una respuesta segura. El hecho de que Sepúlveda muriera y la mujer quedara herida por dos proyectiles no demuestra por sí solo quién realizó los disparos. Tampoco permite saber si existió un intercambio, si una sola persona efectuó los tres tiros o si intervino alguien más.

En reconstrucciones modernas se ha incluido este episodio dentro de recopilaciones sobre violencia contra las mujeres, e incluso se ha utilizado la palabra feminicidio de manera retrospectiva. Sin embargo, El Caso Málaga no considera suficientemente documentado ese extremo para presentarlo como una conclusión. La fuente histórica reproducida describe una relación previa y las heridas, pero no identifica al autor material de los disparos.

Por la misma razón, tampoco es correcto hablar de un asesinato-suicidio. Esa fórmula exigiría conocer con certeza quién efectuó cada disparo, cuál fue la intención y cuál fue la secuencia de los hechos. Nada de eso aparece acreditado en las referencias consultadas.

Las palabras de una época

La prensa de finales del siglo XIX y comienzos del XX utilizaba con frecuencia expresiones como crimen pasional, drama de celos o cuestión de amores para describir episodios violentos vinculados a relaciones sentimentales. Esas fórmulas formaban parte del lenguaje periodístico de la época, pero hoy resultan insuficientes y pueden distorsionar la comprensión de los hechos.

En este caso, además, ni siquiera disponemos de información suficiente para concluir que los disparos tuvieron como móvil una disputa sentimental. Sabemos que Sepúlveda y la mujer habían mantenido relaciones anteriormente. No sabemos qué ocurrió en la conversación previa a los tiros, si la hubo, ni qué desencadenó la violencia.

Por eso cualquier referencia a una supuesta pasión, celos o ruptura debe entenderse, en ausencia de documentos adicionales, como hipótesis y no como hecho.

¿Hubo investigación policial o judicial?

Es lógico pensar que una muerte por arma de fuego y dos personas gravemente heridas generaran diligencias. Sin embargo, en las fuentes que hemos podido verificar no aparece todavía la documentación de un procedimiento judicial concreto asociado a Miguel Sepúlveda y al episodio del Pasillo de Atocha.

No hemos localizado en abierto una sentencia, una causa criminal digitalizada, un auto de procesamiento o una crónica judicial suficientemente detallada que permita seguir el recorrido del caso por los tribunales. Esa ausencia no demuestra que no existiera investigación; únicamente significa que no debemos reconstruirla sin pruebas.

Por ese motivo, esta pieza se publica en las categorías Málaga y Crónica Negra, pero no se incorpora por ahora a Tribunales y Justicia ni a Juicios históricos. Si en una futura revisión aparece documentación judicial primaria, la clasificación podrá ampliarse y el artículo será actualizado.

El Pasillo de Atocha, escenario de sucesos

El episodio de Miguel Sepúlveda no fue el único hecho violento asociado a esta calle. Las recopilaciones históricas del Pasillo de Atocha registran atropellos, agresiones y otros sucesos desde mediados del siglo XIX. Eso no convierte la calle en un lugar especialmente criminal; simplemente refleja que era una zona muy transitada y que las crónicas locales conservaron numerosos acontecimientos ocurridos allí.

El propio espacio urbano ha cambiado profundamente. Parte del tejido histórico del Hoyo de Esparteros y del Pasillo de Atocha desapareció con el paso de las décadas. Investigaciones sobre la zona documentan demoliciones, transformaciones del parcelario y la pérdida de edificios antiguos. Esa modificación del paisaje hace aún más difícil imaginar hoy el entorno preciso en el que se produjeron los disparos de 1904.

Una lectura criminológica actual

Desde una perspectiva contemporánea, este caso ofrece más preguntas que respuestas. Con tres disparos y dos personas heridas, cualquier reconstrucción moderna necesitaría datos balísticos, trayectorias, posición de los cuerpos, residuos de disparo, examen del arma, autopsia, declaraciones de testigos y contexto previo de la relación. Nada de eso figura en las fuentes que hemos podido consultar.

La criminología actual insistiría también en no confundir relación sentimental con autoría. El hecho de que dos personas hubieran mantenido una relación no permite atribuir violencia a una de ellas. Tampoco el resultado físico —una persona muerta y otra herida— establece por sí solo la mecánica del suceso.

El valor histórico de este expediente fragmentario reside precisamente en esa limitación. Frente a la tentación de cerrar una historia incompleta con una explicación dramática, lo responsable es conservar el interrogante.

Qué sabemos y qué sigue sin aclararse

Documentado: la fecha del 27 de diciembre de 1904; el lugar, Pasillo de Atocha; la presencia de Miguel Sepúlveda y una mujer con la que había mantenido relaciones; la audición de tres disparos; las heridas de ambos; y la muerte de Sepúlveda al día siguiente.

No confirmado: la identidad de la mujer; quién efectuó los disparos; el arma empleada; el motivo; la secuencia exacta; el resultado final de las heridas de la mujer; la existencia y desenlace de un procedimiento judicial concreto.

Hipótesis que no presentamos como hechos: asesinato-suicidio, crimen de celos, feminicidio probado o cualquier otra reconstrucción que atribuya la autoría sin documentación adicional.

La memoria de un caso incompleto

Más de ciento veinte años después, el misterio del Pasillo de Atocha sigue teniendo interés precisamente porque no está cerrado. Las pocas líneas conservadas bastan para saber que aquella noche hubo tres disparos, que dos personas resultaron gravemente heridas y que una de ellas murió. Pero no bastan para responder a la pregunta principal: qué sucedió exactamente entre Miguel Sepúlveda y aquella mujer.

En la crónica negra histórica es frecuente encontrarse con expedientes así: historias que llegaron a la prensa, quedaron anotadas en efemérides y después se fueron perdiendo entre archivos incompletos, periódicos desaparecidos y documentación no digitalizada. La responsabilidad periodística, un siglo después, consiste en no rellenar esos huecos con ficción.

El Pasillo de Atocha conserva por tanto una historia sin final conocido. Tres disparos en una noche de diciembre de 1904. Un hombre que murió horas después. Una mujer herida. Y un silencio documental que todavía impide saber quién apretó el gatillo.

Fuentes consultadas

  • Díaz de Escovar, Narciso; Díaz Serrano, Joaquín María. Efemérides de Málaga y su provincia. Málaga, 1915. Copia digital conservada por la Biblioteca Virtual de la Provincia de Málaga y catalogada en HISPANA.
  • Investigaciones Históricas Provinciales Malagueñas. “Historias del Pasillo de Atocha. Tercera parte”, publicación del 27 de mayo de 2017, que recoge la entrada fechada el 27-12-1904 sobre Miguel Sepúlveda.
  • Santana Guzmán, Antonio Jesús. Estudio sobre el Hoyo de Esparteros y el Pasillo de Atocha publicado en Isla de Arriarán, con referencias al Archivo Díaz de Escovar y a la evolución histórica del entorno.
  • Archivo de la Universidad de Málaga. Registro toponímico del Pasillo de Atocha y descripción de su trazado histórico entre el Pasillo de Santa Isabel y el Hoyo de Esparteros.
  • Historias y Leyendas del Viejo Pérez. Recopilación sobre violencia histórica malagueña que reproduce el pasaje atribuido a las Efemérides malagueñas. Se utiliza únicamente como fuente secundaria de contraste, no como fundamento exclusivo del artículo.

 

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