Málaga, 13 de septiembre de 1902. La noche había caído sobre una ciudad muy distinta de la actual. El Guadalmedina todavía marcaba de una forma mucho más áspera la vida de los barrios situados a ambos lados del cauce; las calles de La Trinidad y su entorno estaban llenas de viviendas humildes, talleres, tabernas y vecinos que hacían vida a pie de calle. Hacia las diez de la noche, aquel paisaje cotidiano quedó roto por los disparos de un fusil Máuser.
El autor fue Antonio Calvente Guerrero, guardia civil de 27 años. En cuestión de minutos recorrió parte del entorno del antiguo cuartel de Natera, el Pasillo de Natera, Agustín Parejo y la ribera del Guadalmedina disparando contra compañeros del cuerpo y contra personas que se encontraba a su paso. La secuencia terminó en las inmediaciones del Puente de Tetuán, donde fue abatido por los guardias que lo perseguían.
Más de ciento veinte años después, el episodio sigue destacando por su violencia, por el número de víctimas y por la rapidez con la que se desarrolló. También conserva un problema habitual en la reconstrucción de la crónica negra antigua: las fuentes no coinciden exactamente en el balance final. El resumen histórico de Diario Sur habla de seis muertos y siete heridos, cuatro de ellos graves. Una crónica periodística publicada inmediatamente después de los hechos tituló “Matanza horrible” y habló de siete muertos y cinco heridos graves. Otras reconstrucciones posteriores han ofrecido cifras aún mayores. Por ese motivo, El Caso Málaga evita convertir una de esas cifras en verdad absoluta y distingue entre los datos coincidentes y los que siguen sujetos a revisión documental.
Antonio Calvente Guerrero, un guardia civil de 27 años
Antonio Calvente Guerrero tenía 27 años y pertenecía a la Guardia Civil. Las reconstrucciones modernas lo sitúan como natural de Pujerra, en la Serranía de Ronda, y destinado en Málaga desde comienzos del siglo XX. Diario Sur lo vincula al puesto de la Hacienda de La Concepción, mientras que una información periodística de la época señaló que había llegado a Málaga desde otro puesto acompañado por un compañero. Estas diferencias menores son un buen ejemplo de las dificultades que plantea reconstruir un suceso ocurrido cuando la información se transmitía por telégrafo y los periódicos reproducían versiones todavía incompletas.
Lo que sí aparece repetido en varias fuentes es que aquella noche Calvente se encontraba en el cuartel de Natera, denominación vinculada al antiguo Pasillo de Natera, en el entorno de la actual avenida de Fátima. Había acudido al cuartel y, en un momento determinado, salió armado con un fusil Máuser y munición.
Los primeros disparos dentro y junto al cuartel
La prensa de 1902 contó que el guardia salió del dormitorio en un estado de fuerte alteración y abrió fuego en dirección a varios compañeros. Aquellos primeros disparos no alcanzaron a los guardias que se encontraban en la puerta, pero provocaron la alarma inmediata. Mientras algunos intentaban reaccionar, Calvente abandonó el cuartel y comenzó a desplazarse hacia el Guadalmedina.
Durante décadas, muchas crónicas describieron lo ocurrido recurriendo a expresiones como “ataque de locura” o “enajenación”. Es importante poner esas palabras en su contexto: son interpretaciones periodísticas de principios del siglo XX, no un diagnóstico psiquiátrico moderno. No existe base suficiente para atribuir hoy un trastorno concreto ni para establecer con certeza qué desencadenó su conducta.
De Natera hacia el Guadalmedina
El recorrido que recogen las fuentes permite seguir la tragedia casi calle por calle. Desde el entorno del cuartel, Calvente avanzó por el Pasillo de Natera, continuó por zonas próximas a Agustín Parejo y se dirigió hacia la ribera del Guadalmedina. A medida que se escuchaban los disparos, los vecinos cerraban puertas y ventanas y trataban de refugiarse.
Una crónica de la época describió cómo las balas impactaban en fachadas, balcones y paredes. Para muchos vecinos resultaba imposible saber qué estaba ocurriendo. La secuencia fue tan confusa que, según aquel relato, algunos llegaron a creer que se había producido una revuelta o un enfrentamiento de mayores dimensiones.
Antonio Valle Antequera: muerto mientras jugaba al dominó
Entre las víctimas identificadas por la prensa aparece Antonio Valle Antequera. Se encontraba jugando al dominó con su hijo cuando uno de los proyectiles lo alcanzó en el abdomen. Murió a consecuencia del disparo. Su hijo, Luis Valle, también resultó alcanzado.
La escena resume la arbitrariedad de lo ocurrido: no se trataba de una persecución dirigida contra una persona concreta. Los tiros alcanzaban a vecinos que se encontraban realizando actividades completamente ordinarias dentro o junto a sus casas.
María Rodríguez y María Corredor
La misma crónica identifica a una mujer llamada María Rodríguez, descrita como anciana, que fue atravesada por un proyectil. También aparece María Corredor, empleada doméstica, alcanzada por un disparo mientras estaba sentada junto a la puerta de una vivienda.
El relato periodístico va encadenando víctimas a medida que Calvente avanza. Esa forma de narrar el suceso, casi minuto a minuto, transmite el desconcierto que tuvo que vivir el barrio: cada persona que salía a una puerta o se asomaba para averiguar qué estaba pasando podía convertirse en un nuevo blanco.
Un portero, un cochero y otros vecinos alcanzados
Entre las personas citadas por la prensa figura también Gaspar Ruiz Torres, portero, alcanzado al salir para comprobar el origen de los disparos. Una mujer procedente de Vélez-Málaga, identificada como María Pérez Arbolario, estaba en un balcón cuando un proyectil llegó hasta la vivienda. También resultó herido Juan Bautista Pérez.
Otro herido fue un hombre mayor de profesión cochero, Francisco Ramírez. La relación completa de víctimas varía según el periódico consultado y no todas las informaciones posteriores distinguen con precisión entre fallecidos, heridos graves y personas que sobrevivieron a lesiones de menor entidad.
Francisco Delgado acudió a socorrer a los heridos
Uno de los episodios más dramáticos recogidos en la prensa fue la muerte de Francisco Delgado, soldado del cuerpo de Sanidad. Según la narración contemporánea, acudió al escuchar los lamentos de los heridos con intención de prestar auxilio. Calvente lo vio y disparó contra él. Delgado murió en el acto.
Es uno de los detalles que mejor permite comprender la dimensión del caos: incluso quienes se acercaban para ayudar estaban expuestos a los disparos.
Juan Moreno pidió que no lo matara
La prensa de 1902 relató también la muerte de Juan Moreno. El joven se cruzó con Calvente y, según aquella crónica, llegó a arrodillarse para suplicarle que no disparara. El guardia lo mató de un tiro.
El dramatismo con el que los periódicos de la época describían este tipo de escenas obliga a ser prudentes con cada detalle. Sin embargo, la identificación de Moreno y su muerte aparecen en el relato contemporáneo y forman parte de la memoria documental del episodio.
Una anciana muerta en el umbral de su casa
Otra de las víctimas mortales citadas fue una mujer de unos setenta años identificada en la prensa como Zambrana Álvarez. Al escuchar los disparos salió a la puerta de su vivienda. Calvente abrió fuego y la mujer quedó tendida en el mismo umbral.
Cuando los vecinos pudieron aproximarse, ya había fallecido.
Una persecución que parecía una batalla
A esas alturas, efectivos de la Guardia Civil perseguían al tirador. Desde distintos puntos se intercambiaron disparos. La crónica de entonces llegó a describir la escena como una auténtica batalla en medio de la ciudad.
Calvente seguía armado con el Máuser y disponía de munición. Los guardias trataban de impedir que continuara avanzando y que aumentara el número de víctimas. El recorrido se desplazó progresivamente hacia las inmediaciones del Puente de Tetuán.
El final junto al Puente de Tetuán
Las distintas versiones coinciden en el desenlace esencial. Acorralado por sus perseguidores, Calvente buscó cobertura en la zona del Guadalmedina, cerca del Puente de Tetuán. Desde los muros y pretiles del río, los guardias podían localizar su posición.
Se produjo un nuevo intercambio de disparos. Una bala alcanzó finalmente a Antonio Calvente Guerrero y acabó con su vida. La crónica contemporánea describió una herida devastadora en la cabeza. El episodio terminó allí, tras un recorrido que había convertido varias calles de Málaga en el escenario de una sucesión de muertes y heridos.
¿Seis, siete o más muertos? El problema de las cifras
El número exacto de víctimas es uno de los aspectos que requieren mayor cautela. El especial histórico de Diario Sur dedicado a 1902 resume el episodio con seis personas muertas y siete heridas, cuatro de ellas graves. Una información periodística contemporánea conservada en la Hemeroteca Digital encabezó la noticia con “Siete muertos y cinco heridos graves”.
Reconstrucciones posteriores han llegado a mencionar hasta nueve fallecidos y siete heridos. Esa diferencia puede deberse a personas que murieron después de publicarse los primeros telegramas, a errores en la transmisión de noticias o a la inclusión —o no— del propio Calvente dentro del balance general.
Por ahora, la cifra más prudente para una reconstrucción periodística es hablar de al menos seis víctimas mortales, además del propio tirador, y numerosos heridos, dejando constancia expresa de que las fuentes históricas ofrecen balances distintos.
La Málaga de 1902
El crimen ocurrió en una ciudad que apenas dos años antes había vivido la tragedia del naufragio de la fragata alemana Gneisenau y que cinco años después sufriría la gran riada de 1907. El Guadalmedina seguía siendo un eje decisivo de la vida urbana y, al mismo tiempo, una frontera física entre barrios.
La Trinidad era ya uno de los barrios con mayor personalidad popular de Málaga. Muchas familias vivían en calles estrechas y viviendas donde la relación con el exterior era continua. Una sucesión de disparos en ese entorno, de noche y sin medios de comunicación instantáneos, tenía capacidad para extender el pánico en cuestión de minutos.
El Máuser y la potencia de fuego
Las fuentes coinciden en que Calvente utilizó un fusil Máuser, arma reglamentaria de gran potencia para la época. No era comparable con las pistolas y revólveres que aparecían habitualmente en los sucesos urbanos de comienzos del siglo XX. Su alcance y capacidad explican que algunos proyectiles atravesaran espacios abiertos, alcanzaran balcones o provocaran heridas extremadamente graves.
Ese elemento convirtió la persecución en una situación especialmente peligrosa también para los propios guardias civiles que trataban de detenerlo.
Lo que no sabemos
No existe una explicación documental sólida y definitiva sobre el motivo que llevó a Antonio Calvente a abrir fuego. Los periódicos de 1902 recurrieron desde el primer momento a la idea de una pérdida repentina de la razón. Las narraciones posteriores han repetido esa versión, pero no debe confundirse una explicación periodística histórica con una conclusión médica demostrada.
Tampoco está completamente cerrada la identificación de todas las víctimas ni el balance final de fallecidos. Para resolverlo de manera definitiva sería necesario cruzar los periódicos malagueños de los días posteriores, registros civiles de defunción, documentación hospitalaria y, si se conserva, el expediente oficial elaborado tras el suceso.
Una de las noches más negras de Málaga
La historia de Antonio Calvente Guerrero quedó durante décadas reducida a breves referencias en cronologías y hemerotecas. Sin embargo, cuando se reconstruye el recorrido y se recuperan los nombres de quienes quedaron atrapados en aquella sucesión de disparos, aparece una tragedia profundamente urbana.
Antonio Valle Antequera estaba jugando al dominó. María Corredor se encontraba sentada a una puerta. Francisco Delgado acudió a ayudar. Otros vecinos simplemente se asomaron para intentar entender qué sucedía. En pocos minutos, una noche ordinaria del final del verano de 1902 se transformó en uno de los episodios más violentos documentados en la crónica negra de Málaga.
Hoy, La Trinidad, la avenida de Fátima, Agustín Parejo, el Guadalmedina y el Puente de Tetuán pertenecen a una ciudad completamente distinta. Pero el trazado permite todavía imaginar el itinerario de aquella noche y comprender hasta qué punto el crimen ocurrió en lugares que siguen formando parte de la vida cotidiana malagueña.
Fuentes consultadas
Esta reconstrucción utiliza como base el especial histórico de Diario Sur sobre el año 1902; una crónica periodística contemporánea conservada en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, que describió el suceso bajo el titular “Matanza horrible”; referencias de La Época de septiembre de 1902 citadas en investigaciones históricas posteriores; y la reconstrucción divulgativa realizada por el proyecto Málaga Truculenta.
La imagen de portada es una composición gráfica de ambientación histórica elaborada para El Caso Málaga. No representa una fotografía real de Antonio Calvente ni del momento exacto de los hechos.
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