El 16 de noviembre de 1987 comenzó como una intervención aparentemente rutinaria para la Policía Municipal de Málaga. Una llamada alertaba de que un hombre estaba realizando disparos con una carabina de aire comprimido en las inmediaciones del Camino de Antequera y la avenida Carlos Haya.
La patrulla enviada al lugar estaba integrada por José Luis Herrera Gálvez y una agente. Minutos después, Herrera había muerto de un disparo y el sospechoso era detenido tras atrincherarse en un edificio.
Una llamada al 092
Vecinos de la zona avisaron de que un hombre armado estaba efectuando disparos en plena calle. La Policía Local envió un coche radiopatrulla.
José Luis Herrera tenía una larga trayectoria en el cuerpo. La documentación oficial de la Policía Local de Málaga señala que había ingresado en noviembre de 1967 y llevaba aproximadamente veinte años de servicio.
El intento de desarme
Cuando la patrulla llegó, Herrera trató de reducir al hombre. Éste portaba una carabina de aire comprimido y golpeó al agente en la cabeza. Herrera cayó al suelo.
Durante el forcejeo, el agresor consiguió hacerse con el revólver reglamentario de la otra integrante de la patrulla y disparó contra Herrera.
El agente murió en el lugar.
Disparos y un breve cerco policial
El atacante realizó después varios disparos más y se refugió en los bajos de un edificio próximo. Durante aproximadamente diez minutos, numerosos policías rodearon el inmueble.
La detención se produjo cuando se quedó sin munición.
El hombre fue identificado como José Antonio Cantó Ruiz, de 49 años. Los vecinos lo conocían por comportamientos extraños y las crónicas de la época indicaban que vivía desde hacía aproximadamente dos meses en un espacio en construcción próximo a Carlos Haya.
La historia no terminó con la detención
Lo ocurrido en las horas posteriores convirtió el caso en una historia todavía más compleja.
Cantó fue trasladado a un centro sanitario después de su arresto. Allí fue atendido por heridas y posteriormente conducido a los calabozos de la comisaría de Málaga.
Horas más tarde murió bajo custodia policial.
La muerte en los calabozos
La versión oficial señaló que el detenido pidió agua durante la madrugada y se desplomó poco después de beber. El fallecimiento provocó nuevas diligencias.
Informaciones posteriores apuntaron a una posible rotura del bazo y a una hemorragia interna como causa de la muerte. También se abrió debate sobre las lesiones que presentaba y sobre las circunstancias de su detención y permanencia en dependencias policiales.
Un grupo de abogados llegó a plantear el ejercicio de la acción popular y el asunto alcanzó incluso el Congreso de los Diputados mediante preguntas dirigidas al Gobierno.
Dos muertes en menos de veinticuatro horas
El asesinato del agente Herrera y la muerte posterior del detenido terminaron generando dos investigaciones distintas conectadas por la misma intervención policial.
En el primer caso, la secuencia de hechos estaba clara: Herrera murió después de acudir a reducir a un hombre armado y recibir un disparo con un arma reglamentaria sustraída durante el forcejeo.
En el segundo, las autoridades tuvieron que determinar por qué una persona que había sido atendida en un hospital falleció horas después en un calabozo.
El recuerdo institucional
La Policía Local de Málaga mantiene a José Luis Herrera Gálvez entre los agentes fallecidos en acto de servicio. Su nombre figura en la historia oficial del cuerpo junto al relato de aquella intervención.
La reconstrucción del caso permite entender también la enorme dificultad de determinadas actuaciones policiales: una llamada aparentemente sencilla puede transformarse en segundos en un enfrentamiento mortal.
Fuentes consultadas
- Historia oficial de la Policía Local de Málaga.
- Hemeroteca de El País, 17, 18, 20 y 28 de noviembre de 1987.
- Boletín Oficial de las Cortes Generales sobre las preguntas formuladas al Gobierno por el caso.
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