Saltar al contenido
El Caso, noticias nacionales de sucesos con origen en Málaga

EDICIÓN NACIONALMálaga, origen de la noticia

Juicios históricos

El asesinato del corregidor Miguel de Salamanca que sacudió Ronda en 1708

Un nazareno enmascarado desafió al corregidor durante la procesión del Miércoles Santo. Era un noble que mató, huyó y burló la pena capital.

Portada editorial del asesinato del corregidor de Ronda en 1708
Composición gráfica de El Caso Málaga
Comparte esta noticia

Ronda, 4 de abril de 1708. La procesión del Miércoles Santo estaba a punto de salir del convento de la Santísima Trinidad cuando un nazareno con el rostro cubierto desafió la orden de descubrirse. El corregidor Miguel de Salamanca Quiñones intentó detenerlo. Bajo el capirote estaba Juan Florencio Lasso de la Vega, miembro de la nobleza andaluza. El enfrentamiento terminó con el corregidor muerto, el alcalde mayor herido y el agresor refugiado en el convento.

El caso está reconstruido en una investigación académica de M.ª Luisa Álvarez y Cañas publicada por la Universidad de Málaga en la revista Baetica. El estudio trabaja con el expediente del Archivo Histórico Nacional, documentación del Consejo de Castilla y otros fondos. Esa base permite seguir la pesquisa durante dieciocho años.

Una procesión vigilada por la autoridad real

Miguel de Salamanca presidía la representación política de la Corona en el corregimiento de Ronda y Marbella. En plena Guerra de Sucesión, el orden público tenía una dimensión especialmente sensible. Aquella tarde vigilaba que los penitentes cumplieran las normas dictadas por el obispo y por el propio corregidor.

Los nazarenos debían mostrar el rostro, salvo quienes realizaran penitencia bajo condiciones muy concretas. Lasso apareció con túnica negra, capirote cubriendo la cara, zapatos y medias, y un cetro de madera teñido de rojo. Salamanca lo llamó varias veces. El hombre no obedeció.

El rostro bajo el capirote

Cuando el corregidor lo alcanzó se produjo un forcejeo. El enmascarado lo golpeó con el cetro. El alcalde mayor Juan García Obregón intervino al grito de «favor al rey» y logró arrancarle el capirote. La identidad quedó expuesta ante numerosos testigos.

Lasso extrajo un cuchillo o rejón y apuñaló al alcalde mayor, causándole una grave herida en la cara. Cuando Miguel de Salamanca regresó para auxiliarlo recibió una herida en el pecho. Tenía 46 años y murió en pocos minutos, después de pedir confesión. El episodio completo, según García Obregón, duró lo que se tardaba en rezar dos credos.

El convento y la fuga

El agresor corrió al convento de Trinitarios. La inmunidad eclesiástica complicaba las actuaciones, aunque el asesinato de un representante del rey se consideraba delito de lesa majestad y quedaba fuera de esa protección. La confusión inicial y la intervención de religiosos permitieron que Lasso desapareciera por una puerta trasera.

La ciudad fue cercada y salieron hombres armados a caballo por los caminos. Se registraron viviendas, se interrogó a vecinos y se detuvo a personas del círculo que lo había acogido. Varios testigos reconocieron al agresor y describieron la misma vestimenta.

Una pesquisa contra una red de silencios

El Consejo envió al oidor Juan de Maeda y del Hoyo para dirigir una investigación extraordinaria. La pesquisa examinó contradicciones, posibles ayudas, omisiones de funcionarios y bienes del fugitivo. También reconstruyó el origen del enfrentamiento.

El corregidor había reprendido a Lasso por actividades ilícitas, entre ellas la venta de tabaco de contrabando, según declaraciones recogidas en el expediente. El noble era conocido por su carácter violento y había afrontado una condena a muerte anterior en rebeldía.

Condenado a muerte en ausencia

Maeda y del Hoyo consideró el crimen plenamente probado. Juan Florencio Lasso de la Vega fue condenado a muerte como reo principal. Por su condición noble no debía morir en la horca, considerada una forma infamante, sino ser llevado al cadalso y decapitado.

Las personas que le dieron cobertura recibieron destierros y multas; varios empleados públicos fueron suspendidos por no auxiliar adecuadamente a las autoridades. Se embargaron y subastaron bienes para pagar los elevados gastos de la pesquisa.

La Corona ofreció 1.000 ducados a quien lo entregara y 500 a quien proporcionara una pista eficaz. Aun así, el condenado siguió fuera del alcance de la justicia.

Dieciocho años escondido bajo otro nombre

En 1726 llegó una información sorprendente: Lasso podía encontrarse como religioso lego en el convento de Nuestra Señora de la Victoria de Málaga. Un escribano lo vio allí y dejó constancia de que el fraile llamado Martín de Paula y Lasso era en realidad Juan Florencio Lasso de la Vega.

El fiscal concluyó que no podía practicarse la prisión en aquellas circunstancias y propuso archivar la causa y suspender las diligencias. El condenado eludió así por segunda vez una pena capital. La investigación académica señala la probable influencia de su apellido, sus parentescos y una red de silencios.

Un crimen probado y una pena incumplida

El expediente no deja la autoría en una mera sospecha: hubo reconocimiento directo, múltiples testigos, una investigación extensa y condena. Lo que fracasó fue la ejecución de la sentencia. La posición social del culpable y los refugios religiosos pesaron más que la recompensa y las órdenes del Consejo.

El asesinato de Miguel de Salamanca es una ventana a la justicia del Antiguo Régimen: jurisdicciones superpuestas, privilegios nobiliarios, inmunidad eclesiástica y una maquinaria regia capaz de investigar durante años, pero no siempre de capturar al condenado.

Serie histórica: este artículo forma parte de la recuperación de crímenes y procesos judiciales antiguos de Málaga. También puede consultarse el caso ya publicado sobre el asesinato de Manuel Heredia Loring en 1891.

Fuentes y criterio documental

El Caso Málaga distingue entre hechos acreditados en expedientes o prensa de época y reconstrucciones posteriores. Las versiones que no han podido confirmarse se presentan como tales.