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El Lengua: la historia de Florencio Rueda Aguilar, el caminante de Málaga que murió atropellado en La Paloma

Florencio Rueda Aguilar, conocido como el Lengua, recorrió durante décadas las calles de Málaga. Reconstruimos qué hay de cierto en su leyenda, qué recuerdan quienes lo vieron y qué rastro policial o judicial dejó realmente.

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Durante años bastaba verlo aparecer al fondo de una calle para que alguien avisara: «Ahí viene el Lengua». Quienes crecieron en Málaga durante los años sesenta, setenta y primeros ochenta todavía lo recuerdan caminando sin descanso, con un abrigo gastado, barba abundante y un aspecto que fue deteriorándose con el paso del tiempo. Algunos lo situaban en calle Larios y el Centro. Otros lo recuerdan especialmente en la Carretera de Cádiz, Huelin y el entorno de La Paloma. Su figura terminó formando parte del paisaje humano de una ciudad muy distinta a la actual.

Se llamaba Florencio Rueda Aguilar. El apodo acabó sobreviviendo al nombre y, con los años, también deformó su historia. A su alrededor crecieron relatos sobre una familia acomodada, un padre militar, una madre que cuidó de él durante años, una frustrada vocación taurina y una caída progresiva hacia la marginación. Algunas de esas historias aparecen repetidas en testimonios y recopilaciones locales. Otras no han podido verificarse documentalmente.

 

 

Florencio Rueda Aguilar: el nombre detrás del apodo

El dato más firme es su identidad. La cronología histórica de Diario SUR correspondiente a 1983 registra expresamente a Florencio Rueda Aguilar como el hombre al que Málaga conocía popularmente como «el Lengua».

Ese registro permite fijar además con bastante precisión el final de su vida: murió atropellado el 21 de enero de 1983 en la avenida de La Paloma. Es el dato documental más sólido encontrado hasta ahora y corrige algunos recuerdos posteriores que situaban el accidente en 1981 o se limitaban a decir que ocurrió «en los años ochenta».

La diferencia de fechas resulta reveladora. El Lengua perteneció durante tanto tiempo a la memoria oral que incluso quienes lo conocieron acabaron mezclando años y anécdotas. Cuando los recuerdos se transmiten durante cuatro décadas, pequeños errores terminan formando parte de la historia repetida.

Un hombre que atravesaba Málaga andando

No existe un único barrio que pueda apropiarse de su recuerdo. La documentación posterior lo sitúa recorriendo numerosos puntos de la ciudad. Algunas recopilaciones lo recuerdan principalmente por el Centro, especialmente calle Larios. Otras memorias vecinales lo vinculan de manera muy directa con Carretera de Cádiz, donde su presencia quedó grabada en varias generaciones.

Esa segunda localización encaja con el recuerdo de numerosos vecinos de Huelin y con el lugar en el que terminó muriendo, la avenida de La Paloma, dentro del gran eje occidental de la Málaga obrera que creció alrededor de Huelin, Girón, La Princesa y Carretera de Cádiz.

Ángel Idígoras, que años después participaría en la recuperación de estos personajes populares, lo definió como un «caminante infatigable». La expresión resume buena parte de los testimonios: Florencio aparecía en lugares muy distintos, recorría largas distancias a pie y su figura era reconocible para personas que no sabían su nombre real.

Mi Málaga, un proyecto centrado en la memoria popular de la ciudad, lo incluye entre los personajes de barrio de los años setenta y ochenta y lo sitúa especialmente en Carretera de Cádiz. La propia dispersión de los recuerdos demuestra que su territorio fue, en realidad, buena parte de Málaga.

El aspecto que fue cambiando con los años

Una de las historias que más se repite asegura que Florencio no siempre presentó el aspecto con el que quedó fijado en las fotografías de sus últimos años.

Varios relatos coinciden en que durante una etapa anterior vestía con mucha mayor pulcritud y que su deterioro se hizo evidente después de la muerte de su madre. Una memoria publicada en 2012 sostiene que, mientras ella vivió, Florencio iba «extremadamente limpio» y que posteriormente entró en un abandono progresivo. La misma fuente recuerda que algunas personas llegaban a recogerlo, asearlo y proporcionarle ropa.

Otra reconstrucción local va todavía más lejos y habla de una familia acomodada y de un padre que habría ocupado un cargo importante en el Ejército. Sin embargo, no hemos encontrado hasta ahora documentación civil, militar o hemerográfica que permita acreditar esa parte de la biografía. Debe permanecer, por tanto, en el terreno de la memoria oral, no en el de los hechos probados.

Lo mismo ocurre con su supuesto origen aristocrático. Es una versión repetida durante años, probablemente alimentada por quienes aseguraban haberlo conocido vestido con traje claro y modales muy distintos antes de su etapa de mayor abandono. Pero una leyenda repetida muchas veces sigue sin convertirse en documento.

¿Era mudo? El origen incierto de «el Lengua»

El propio apodo plantea una paradoja. Varias recopilaciones aseguran que Florencio era mudo o tenía enormes dificultades para hablar. También se recuerda que, cuando alguien lo provocaba, respondía con gestos, imitaciones o golpeando con fuerza el suelo con el pie.

No existe documentación médica accesible que permita precisar cuál era su situación. Por ese motivo, resulta más riguroso hablar de testimonios que describen una grave dificultad para comunicarse verbalmente que atribuirle un diagnóstico que nadie ha podido documentar.

Quienes fueron niños en aquella Málaga recuerdan además una frase que dice mucho más sobre la sociedad de la época que sobre Florencio: algunos adultos utilizaban su figura para asustar a los pequeños. El «que viene el Lengua» terminó convirtiéndolo, involuntariamente, en una especie de personaje amenazante del imaginario infantil.

Sin embargo, las fuentes consultadas no aportan hechos violentos acreditados protagonizados por él. Su aspecto y sus comportamientos poco convencionales generaban miedo o burla, pero eso no equivale a peligrosidad.

Las burlas y el falso torero

Uno de los episodios más duros de su historia aparece en distintos relatos con versiones ligeramente diferentes.

La tradición popular cuenta que Florencio quería ser torero y que un grupo de personas le organizó una falsa corrida durante la Feria de Málaga. Según esa versión, llegó a realizar el paseíllo y después le soltaron un cerdo en lugar de un toro, provocándole una profunda humillación.

Esa escena concreta no ha podido comprobarse en prensa de la época, pero existe un testimonio de primera mano que aporta un núcleo documental a la historia.

En 2012, una persona que afirmaba haber presenciado los hechos recordó una tarde de verano de los años sesenta en Rincón de la Victoria. Al escuchar un pasodoble en la antigua carretera nacional 340 salió a la calle y vio una comitiva que imitaba un paseíllo taurino. En el centro caminaba el Lengua, serio, vestido con un traje de luces deteriorado, montera y capote. Detrás marchaban músicos y personas que se reían de la escena.

El propio testigo reconocía que, pasado el primer momento de sorpresa, entendió que aquello era una burla ejercida sobre una persona especialmente vulnerable.

El testimonio no confirma la posterior aparición del cerdo, pero sí permite sostener que la utilización de Florencio como objeto de una parodia taurina no nació únicamente de una leyenda reciente.

Una ciudad que se reía también de sus vulnerables

La historia del Lengua resulta difícil de entender con los parámetros actuales sin reconstruir la Málaga en la que vivió.

Era una ciudad donde determinadas personas con problemas sociales, discapacidades o comportamientos considerados excéntricos se convertían en figuras públicas sin haber elegido serlo. Todo un barrio podía conocer su apodo, sus rutinas y sus gestos. Recibían ayuda de algunos vecinos y, al mismo tiempo, burlas de otros.

Décadas más tarde, el documental Ilustres Majaras recuperó precisamente esa memoria. La obra de Dita Segura y Carlos López siguió el rastro de personajes como Matías Ortega, Mariquilla la Loca, Carolina Turbante, el Piyayo y el propio Lengua.

El proyecto retomaba un reportaje publicado en 1988 en la desaparecida La Gaceta de Málaga por el periodista Guillermo López-Vera, con ilustraciones de un joven Ángel Idígoras. Para entonces Florencio llevaba cinco años muerto, pero continuaba ocupando un lugar claro en la memoria colectiva de la ciudad.

Ángel Idígoras: «Yo vi muchas veces a El Lengua»

Uno de los testimonios contemporáneos más valiosos procede precisamente de Idígoras. En una entrevista concedida en 2021 con motivo del documental, el dibujante explicó que había visto numerosas veces al Lengua.

Lo recordaba como un hombre cuyo aspecto podía asustar a los niños y como ese caminante incansable asociado a una «leyenda bastante triste». La elección de las palabras es significativa porque evita presentar a Florencio como una caricatura y devuelve la atención a las circunstancias personales que pudieron conducirlo a la marginación.

El documental se concibió, de hecho, como un trabajo de recuperación de personas que durante décadas habían quedado reducidas a motes y anécdotas. Su selección para el Festival de Málaga en 2022 confirmó hasta qué punto aquellos personajes habían pasado del recuerdo de barrio a formar parte del patrimonio sentimental de la ciudad.

La pregunta policial: ¿tuvo antecedentes o problemas con la Justicia?

Ésta es probablemente la parte más difícil de reconstruir y, al mismo tiempo, una de las más importantes para evitar atribuirle una biografía que no tuvo.

No hemos localizado ninguna sentencia, condena penal, detención o procedimiento criminal que pueda atribuirse con seguridad a este hombre.

Eso no permite afirmar de forma absoluta que nunca tuviera contacto con la Policía. Los archivos policiales de los años sesenta, setenta y primeros ochenta no están íntegramente digitalizados y muchas intervenciones menores jamás llegaron a publicarse. Tampoco todas las causas judiciales históricas son consultables por nombre a través de internet.

Pero el resultado de la investigación obliga a establecer una frontera: no existe base documental disponible para presentar al Lengua como delincuente, habitual de los juzgados o personaje de la crónica criminal malagueña.

La fama inquietante que arrastró parece proceder mucho más de su apariencia, su vida en la calle y la forma en que reaccionaba a las provocaciones que de una trayectoria penal acreditada.

El último día: 21 de enero de 1983

La avenida de La Paloma cerró la historia que tantas calles de Málaga habían visto pasar.

Diario SUR incluye entre los acontecimientos de 1983 la muerte de Florencio Rueda Aguilar el 21 de enero, atropellado en esa avenida. Es una referencia breve, apenas una línea en una cronología histórica, pero permite fijar nombre, apodo, fecha, causa y lugar.

Algunas versiones posteriores aseguran que el vehículo se dio a la fuga y otras que Florencio fue trasladado al entonces Hospital Carlos Haya y murió durante la atención médica. No hemos localizado una fuente contemporánea o resolución judicial que permita confirmar esos dos detalles. Por ello no deben presentarse como hechos acreditados.

Tampoco aparece, en las fuentes digitalizadas consultadas, información suficiente para identificar al conductor, establecer responsabilidades penales o conocer si hubo un procedimiento judicial por el atropello.

Lo seguro es que su vida terminó precisamente en el territorio por el que tantos vecinos lo recuerdan: la Málaga occidental de Carretera de Cádiz.

La fecha que la memoria cambió

El paso del tiempo permite comprobar cómo se construyen las leyendas urbanas.

Un testimonio publicado en 2012 situaba la muerte en 1981. Otros textos simplemente hablaban de «la década de los ochenta». Una publicación relacionada con el Carnaval de Málaga recogía el atropello en La Paloma y añadía la versión del conductor fugado.

Frente a todos ellos, la cronología de Diario SUR aporta una fecha concreta: 21 de enero de 1983.

La contradicción no invalida los recuerdos personales. Al contrario, ayuda a utilizarlos correctamente. Un testigo puede conservar durante cincuenta años la imagen de Florencio vestido de torero y equivocarse después en dos años al recordar su muerte. La escena vivida y la fecha memorizada no poseen el mismo valor documental.

Chambao convirtió su recuerdo en canción

La memoria del Lengua acabó entrando también en la música malagueña.

Chambao incorporó una canción titulada «El Lengua» a su repertorio. La letra recupera la imagen de un hombre que pasó la vida caminando de un sitio a otro, solo, con un viejo abrigo, y que finalmente murió atropellado.

La canción no debe utilizarse como fuente biográfica —es una creación artística—, pero sí demuestra hasta qué punto Florencio dejó de ser únicamente un recuerdo de quienes compartieron calle con él. Décadas después de su muerte, su historia seguía teniendo suficiente fuerza como para convertirse en materia musical.

De personaje callejero a memoria cultural de Málaga

En 2021 y 2022, Ilustres Majaras terminó de cerrar ese círculo. El Lengua volvió a aparecer junto a otros personajes populares de la ciudad en un documental que buscaba algo más que reunir anécdotas: preguntarse qué ocurrió con aquellas personas que fueron famosas sin ser artistas, políticos ni delincuentes.

La Universidad de Málaga apoyó el proyecto dentro de sus iniciativas culturales y el Festival de Málaga lo incorporó posteriormente a su programación. Idígoras llegó además a recuperar gráficamente a algunos de aquellos personajes en intervenciones artísticas vinculadas al documental.

Florencio había pasado así por tres etapas muy distintas. Primero fue un hombre real al que miles de malagueños veían andar. Después se convirtió en leyenda urbana. Finalmente empezó a ser tratado como parte de la memoria social de Málaga.

Lo que sabemos y lo que todavía no puede afirmarse

Más de cuarenta años después de su muerte, la biografía del Lengua sigue incompleta.

Sabemos su nombre completo. Sabemos que recorrió Málaga durante décadas y que fue un personaje extraordinariamente reconocible. Existen testimonios independientes que lo sitúan tanto en el Centro como en el eje de Carretera de Cádiz. Existe al menos un recuerdo directo de la humillación del falso paseíllo taurino. Está documentado que formó parte del reportaje de La Gaceta de Málaga recuperado posteriormente por Ilustres Majaras. Y sabemos que murió atropellado en la avenida de La Paloma el 21 de enero de 1983.

Lo que no podemos acreditar todavía es el supuesto origen aristocrático, el cargo militar atribuido a su padre, un diagnóstico médico concreto, la escena completa del cerdo en la falsa corrida, la fuga del conductor o una trayectoria policial o judicial propia.

Y quizá esta última ausencia sea una de las conclusiones más importantes.

Durante años, generaciones de niños pudieron verlo como un hombre al que temer. Su deterioro físico, sus gestos y una vida desarrollada casi por completo ante los ojos de los demás hicieron el resto. Pero después de rastrear el nombre que había detrás del mote, no aparece un historial criminal que justifique convertirlo en una amenaza.

Lo que aparece es otra cosa: un hombre vulnerable que caminó durante años por Málaga, que fue ayudado unas veces y humillado otras, y cuya muerte en una avenida de Carretera de Cádiz convirtió definitivamente a Florencio Rueda Aguilar en «el Lengua» de la memoria malagueña.

Fuentes y criterio documental