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El Caso, noticias nacionales de sucesos con origen en Málaga

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Málaga

Los rescoldos de los rescoldos del Hotel Ibis

El Caso Málaga graba el derribo del antiguo Hotel Ibis: un operario vuelve a regar los escombros casi cuatro meses después del incendio que mantuvo a Bomberos 46 días trabajando.

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El antiguo Hotel Ibis Málaga Centro sigue desapareciendo, planta a planta y escombro a escombro, casi cuatro meses después del incendio que marcó durante semanas el paisaje junto al Guadalmedina. Este 24 de septiembre, durante los trabajos de demolición, El Caso Málaga ha grabado imágenes propias en las que se ve a un operario dirigiendo una manguera sobre una montaña de restos mientras una ligera emanación blanquecina sale entre los escombros. La escena resume de una forma casi literal el último capítulo de una historia que comenzó el 25 de mayo y que se prolongó durante 46 días de intervención de los bomberos.

El agua cae sobre una zona en la que todavía se acumulan toneladas de materiales procedentes de un edificio que quedó gravemente dañado por el fuego. A escasos metros trabajan las máquinas de demolición, con la estructura ya abierta y buena parte del inmueble reducida a cascotes. La imagen no permite afirmar por sí sola que exista un nuevo foco de incendio: durante un derribo de estas características el riego también se utiliza para controlar polvo, enfriar materiales y reducir partículas en suspensión. Pero la estampa resulta inevitablemente evocadora después de todo lo ocurrido allí desde finales de mayo.

Un incendio que empezó de madrugada y cambió el destino del edificio

La historia arrancó en la madrugada del 25 de mayo de 2026. El fuego se originó en el entorno de Le Grand Café, situado en los bajos del mismo inmueble del Hotel Ibis Málaga Centro, entre calle Cerrojo y Pasillo de Guimbarda. Las primeras alertas llegaron poco después de la una de la madrugada y las llamas se propagaron con enorme rapidez hacia el resto del edificio.

El hotel activó su plan de autoprotección y los clientes y trabajadores fueron desalojados. Más de un centenar de personas tuvieron que abandonar el establecimiento y posteriormente fueron reubicadas. Pese a la espectacularidad del incendio y a la rapidez con la que el fuego ganó altura, no se registraron víctimas entre los huéspedes y el personal.

Las primeras dotaciones del Real Cuerpo de Bomberos de Málaga comprobaron el interior para descartar que quedaran personas atrapadas. Policía Local y Policía Nacional también participaron en el dispositivo, mientras las calles del entorno fueron sometidas a restricciones para permitir el trabajo de los servicios de emergencia.

El fuego que parecía apagarse y volvía

Lo que en un primer momento podía parecer un incendio de grandes dimensiones pero limitado en el tiempo terminó convirtiéndose en una de las intervenciones más largas y complejas vividas recientemente por los bomberos de Málaga. Las dificultades estaban dentro del propio edificio: materiales de madera, zonas ocultas, falsos techos, espacios de difícil acceso y una estructura progresivamente dañada que hacía extremadamente peligroso penetrar en determinados puntos.

La entrada de oxígeno tras la rotura de ventanas y las corrientes de aire favorecieron además que zonas calientes volvieran a activarse. Durante los días posteriores se sucedieron los trabajos de enfriamiento, refresco y vigilancia. En distintos momentos el edificio parecía prácticamente extinguido y, horas o días después, volvían a aparecer humo e incluso llamas en algunas zonas.

No se trató de una sucesión de incendios independientes, sino de reactivaciones y focos persistentes del mismo gran siniestro. Esa diferencia explica por qué durante semanas siguieron viéndose dotaciones de bomberos junto al inmueble.

El 27 de mayo, el Ayuntamiento informaba de que la situación estaba controlada y prácticamente extinguida, pero advertía de que las labores de enfriamiento continuarían y que podía seguir apareciendo humo. Tres días después todavía permanecía una dotación desplegada con autobomba, autoescala y vehículo nodriza.

La estructura impedía dar por terminado el incendio

El problema principal era acceder con seguridad a los puntos calientes. El deterioro del inmueble elevó el riesgo de desprendimientos y de colapso, por lo que buena parte de las tareas tuvieron que realizarse desde el exterior. La propiedad valló el perímetro y se restringió el paso peatonal en parte de Pasillo de Guimbarda para evitar daños por caída de materiales.

A comienzos de junio, cuando ya habían transcurrido más de diez días, seguían existiendo zonas demasiado calientes y comprometidas para permitir una inspección completa. La Policía Científica tuvo que esperar hasta mediados de junio para poder acceder con técnicos, bomberos y personal de Urbanismo al local en el que presumiblemente comenzó el fuego y realizar una primera inspección visual con garantías de seguridad.

 

Mientras tanto, los efectivos continuaban trabajando sobre pequeños focos y zonas ocultas. El Caso Málaga publicó el 29 de junio imágenes grabadas 34 días después del inicio del incendio, cuando todavía podían observarse señales de combustión en el edificio.

46 días hasta poner fin a la intervención permanente

El punto final oficial llegó el 10 de julio. El Área de Seguridad del Ayuntamiento de Málaga comunicó que el Real Cuerpo de Bomberos daba por terminada la intervención permanente que había mantenido desde la madrugada del 25 de mayo. Habían transcurrido 46 días.

Para entonces, el inmueble estaba tan dañado que su futuro inmediato ya no pasaba por una rehabilitación ordinaria. La demolición se convirtió en la salida prevista para una estructura que había sufrido durante semanas temperaturas elevadas, reactivaciones y una degradación severa.

Del incendio al derribo

Durante agosto comenzaron a prepararse los trabajos para desmontar el edificio. La propiedad impulsó la demolición y la empresa especializada AGI Demoliciones desplazó maquinaria al entorno del Pasillo de Guimbarda.

El Caso Málaga ya informó el 30 de agosto del comienzo del proceso de demolición. La previsión inicial contempla aproximadamente dos meses de trabajos, incluyendo el derribo de la estructura y la retirada de los materiales generados.

La solución técnica prevista es una demolición mecánica por disgregación controlada. Para las zonas en altura se emplean equipos hidráulicos de gran alcance, mordazas, cizallas y maquinaria específica capaz de desmontar progresivamente el edificio sin recurrir a un derribo brusco.

Una obra condicionada por el túnel y por el tráfico del centro

La ubicación complica la operación. El inmueble está pegado a uno de los puntos de circulación más sensibles del centro de Málaga, junto al túnel de Pasillo de Guimbarda y cerca de los puentes de la Aurora y la Trinidad.

La ejecución ha obligado a modificar la circulación, anular temporalmente el carril bus en el primer tramo del paso inferior y establecer protecciones y señalización especial. También se han producido cortes en calles próximas para permitir la entrada y salida de maquinaria y la retirada de escombros, que se realiza principalmente por el entorno de calle Cerrojo.

La previsión municipal inicial era que las maniobras principales de mayor afección al túnel pudieran resolverse en unas semanas, aunque el conjunto del derribo y el desescombro se prolongaría bastante más. A fecha de 24 de septiembre, las imágenes grabadas por este medio muestran que todavía permanece en pie una parte significativa de la estructura y que continúa trabajando maquinaria pesada.

El agua vuelve a aparecer entre los restos

Y es ahí donde las imágenes de este jueves cobran especial fuerza. Un trabajador, equipado con casco, mantiene la manguera dirigida hacia el interior de la montaña de escombros. A su alrededor permanecen una excavadora y los restos abiertos del edificio. Entre los cascotes se aprecia una pequeña nube blanquecina mientras el chorro golpea los materiales.

Después de 46 días en los que el agua de los bomberos fue una imagen constante en el Pasillo de Guimbarda, verla de nuevo entre las ruinas del hotel convierte la escena en una especie de epílogo visual. Son, en sentido periodístico, los rescoldos de los rescoldos: ya no el gran incendio de mayo, sino las últimas huellas físicas de aquel episodio mientras el edificio desaparece.

Qué ha supuesto el incendio del Ibis para Málaga

El siniestro no se limitó a la pérdida de un hotel. Durante semanas movilizó recursos de Bomberos, Policía Local, Policía Nacional, Urbanismo y servicios municipales. Obligó a mantener vigilancia permanente, cerrar espacios peatonales, establecer perímetros de seguridad y convivir con humo, ruido y restricciones en una zona especialmente transitada.

A esa primera fase se suma ahora una demolición compleja, con maquinaria de gran tonelaje, desescombro, cortes de tráfico y medidas continuas para contener polvo y proteger a vecinos, peatones y conductores.

También ha alterado de forma radical el paisaje urbano. El bloque del Ibis, visible durante años junto al Guadalmedina, está siendo desmontado hasta dejar paso a una parcela cuyo futuro definitivo todavía deberá concretarse.

Qué ocurrirá cuando termine el derribo

La previsión con la que arrancaron los trabajos sitúa la finalización del derribo y de la retirada principal de escombros en torno a finales de octubre de 2026. El calendario manejado para la actuación completa ronda los dos meses, aunque las afecciones más intensas al tráfico y al túnel pueden ir reduciéndose antes a medida que desaparezcan las partes más comprometidas de la estructura.

Una vez despejada la parcela, el uso previsto del solar continúa siendo hotelero. La intención conocida es levantar un nuevo establecimiento en el mismo emplazamiento, pero a día de hoy no existe un proyecto arquitectónico definitivo hecho público que permita asegurar cómo será exactamente el futuro hotel, cuántas plantas tendrá, qué categoría alcanzará o cuándo podrá comenzar su construcción.

Lo que sí existe es una tramitación urbanística iniciada antes del incendio que permite entender hacia dónde podría evolucionar la parcela. Ese planeamiento planteaba para el solar del Ibis una ampliación de la edificabilidad desde unos 5.940 metros cuadrados hasta aproximadamente 6.831 metros cuadrados, cerca de un 15% más, y contemplaba elevar la altura máxima respecto al edificio anterior.

En términos de volumen, la propuesta estudiada permitía pasar de una configuración aproximada de planta baja más tres o cuatro alturas a otra que, según la zona del inmueble, podría alcanzar planta baja más cinco o incluso siete plantas. Las alturas máximas contempladas se situaban alrededor de 22,5 y 26 metros.

Como referencia de capacidad, la documentación urbanística anterior al incendio llegó a contemplar un crecimiento de hasta 19 habitaciones y 38 plazas hoteleras adicionales, además de nuevos servicios vinculados al establecimiento. También existe margen urbanístico para un incremento superior de edificabilidad si el futuro hotel elevara su categoría, pero esa posibilidad no equivale a que esté decidido que vaya a ejecutarse.

Por tanto, el escenario más preciso hoy es este: primero debe completarse el derribo y la limpieza del solar; después deberá concretarse y tramitarse el nuevo proyecto hotelero. Todo apunta a que el futuro edificio será distinto y potencialmente mayor que el antiguo Ibis, pero todavía no puede darse por cerrado su diseño final.

Mientras llega ese proyecto, la prioridad inmediata sigue siendo terminar de desmontar la estructura, retirar los restos, completar el desescombro y recuperar por completo la normalidad en las calles y en el túnel del entorno.

Una historia que todavía no ha terminado del todo

El incendio comenzó el 25 de mayo. Los bomberos cerraron su intervención 46 días después. La demolición arrancó a comienzos de septiembre y, casi un mes más tarde, las máquinas continúan mordiendo el edificio.

Hoy, el Hotel Ibis Málaga Centro ya es más ruina que hotel. Pero entre las toneladas de cascotes todavía queda la imagen de un operario con una manguera apuntando hacia los restos. Una escena pequeña frente a la magnitud del derribo, pero que sirve para conectar el presente con aquellas semanas en las que Málaga miraba cada día al mismo edificio para comprobar si, por fin, había dejado de arder.

Vídeo: El Caso Málaga, grabado el 24 de septiembre de 2026 durante los trabajos de demolición.

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