Entre julio de 1995 y septiembre de 1996, cinco mujeres fueron asesinadas en la provincia de Castellón en una secuencia que durante años desconcertó a los investigadores.
El responsable fue Joaquín Ferrándiz Ventura. Había cumplido parte de una condena anterior por violación y se encontraba en libertad condicional cuando comenzaron los crímenes. Las víctimas eran mujeres jóvenes y varias fueron atacadas después de aceptar que las llevara en coche.
Tres de los cadáveres aparecieron en zonas próximas a Vila-real. La investigación dio un giro cuando se revisaron casos anteriores y se comparó el perfil del agresor con personas con antecedentes por delitos sexuales.
Ferrándiz fue detenido en julio de 1998 y acabó confesando los cinco asesinatos. El juicio comenzó al año siguiente y examinó tanto los crímenes como el hecho de que el acusado estuviera en libertad condicional cuando los cometió.
En enero de 2000, la Audiencia Provincial de Castellón lo condenó a 69 años de prisión por cinco asesinatos, un asesinato en grado de tentativa y otros delitos. También fijó importantes indemnizaciones para las familias de las víctimas.
El caso de Joaquín Ferrándiz es uno de los episodios más estudiados de la criminología española reciente. Su historial previo, el patrón de captación de las víctimas y la reiteración de los ataques convirtieron el proceso en una referencia sobre asesinos en serie y control de reincidentes violentos.