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Joaquín Ferrándiz: el asesino en serie de Castellón que mató a cinco mujeres

Joaquín Ferrándiz mató a cinco mujeres en Castellón entre 1995 y 1996. Fue condenado a 69 años y salió de prisión en 2023 tras cumplir el máximo legal.

Portada de El Caso Málaga sobre Joaquín Ferrándiz, asesino en serie de Castellón
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Joaquín Ferrándiz Ventura quedó marcado en la historia criminal española como el asesino en serie que aterrorizó Castellón durante la segunda mitad de los años noventa. Cinco mujeres fueron asesinadas y otras sobrevivieron a ataques que, con el tiempo, permitieron a los investigadores reconstruir un patrón, perfilar al agresor y cerrar una investigación especialmente compleja.

El caso tuvo un elemento que aumentó todavía más la inquietud: Ferrándiz ya había sido condenado por una agresión sexual y se encontraba en libertad condicional cuando comenzó la serie de asesinatos. La investigación y el posterior juicio pusieron sobre la mesa no solo la responsabilidad del homicida, sino también las dificultades que existían para controlar a delincuentes sexuales violentos después de salir de prisión.

Un agresor con antecedentes antes de los asesinatos

Ferrándiz había sido condenado años antes por una agresión sexual. Recuperó la libertad condicional el 4 de abril de 1995. Apenas unos meses después comenzó la secuencia criminal por la que acabaría siendo juzgado.

Su apariencia social no respondía al estereotipo de un delincuente fácilmente reconocible. Distintas reconstrucciones del caso lo describieron como una persona integrada, educada y capaz de mantener una imagen de normalidad ante vecinos y conocidos. Esa fachada resultó decisiva para acercarse a las víctimas sin generar una alarma inmediata.

Cinco mujeres asesinadas en Castellón

Entre 1995 y 1996 fueron asesinadas Sonia Rubio, Natalia Archelós, Francisca Salas, Mercedes Vélez y Amelia Sandra García. Los crímenes se produjeron en la provincia de Castellón y presentaban elementos que llevaron a los investigadores a plantearse la existencia de un mismo autor.

Varias víctimas fueron abordadas después de aceptar desplazarse en un vehículo. Los cuerpos aparecieron en diferentes zonas, lo que dificultó establecer inicialmente una conexión clara. En una investigación de este tipo, cada escenario puede parecer independiente hasta que los patrones de selección, desplazamiento y forma de actuar empiezan a repetirse.

Los ataques que no terminaron en asesinato

Además de las cinco muertes, Ferrándiz fue condenado por un asesinato en grado de tentativa. Los testimonios de mujeres que sobrevivieron a ataques o situaciones sospechosas resultaron especialmente importantes para construir el perfil del agresor y comparar comportamientos.

En los casos de asesinos seriales, los supervivientes pueden aportar algo que los escenarios de homicidio no ofrecen: una descripción del acercamiento, del lenguaje utilizado, del vehículo, del comportamiento previo a la agresión y de las decisiones del atacante cuando algo no ocurre según lo previsto.

Una investigación que recurrió al perfil criminológico

La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil participó en la investigación y el caso se convirtió en uno de los primeros grandes ejemplos españoles de utilización del perfil criminológico para acotar sospechosos. Los investigadores estudiaron antecedentes por delitos sexuales, zonas geográficas, características de las víctimas y pautas de comportamiento.

El criminólogo Vicente Garrido colaboró en el análisis del caso, y la experiencia de Ferrándiz acabaría siendo utilizada durante años en estudios sobre delincuencia serial en España. La investigación demostró que la conexión entre crímenes no siempre aparece en una prueba física única: a veces surge de la suma de pequeños patrones.

El error que llevó a un camionero a prisión

Antes de la detención de Ferrándiz, otra persona llegó a ser encarcelada de forma preventiva durante meses por uno de los crímenes. El episodio evidenció el enorme riesgo de construir una investigación sobre una hipótesis incompleta y se convirtió en uno de los aspectos más controvertidos de la causa.

La aparición de nuevos indicios y el análisis conjunto de los asesinatos permitieron finalmente redirigir la investigación hacia Ferrándiz. El caso demuestra por qué una coincidencia aislada no puede sustituir a una reconstrucción integral del patrón criminal.

La detención en 1998

Ferrándiz fue detenido en julio de 1998. La investigación había estrechado progresivamente el círculo alrededor de su figura a partir de antecedentes, testimonios y elementos comunes entre las víctimas. Durante el procedimiento terminó reconociendo su participación en los cinco asesinatos.

La confesión, sin embargo, no fue el único elemento de la causa. El juicio examinó pruebas, testimonios y la secuencia completa de hechos para determinar su responsabilidad individual en cada delito.

La condena: 69 años de prisión

El 13 de enero de 2000, la Audiencia Provincial de Castellón condenó a Joaquín Ferrándiz a 69 años de prisión. La sentencia lo declaró culpable de cinco asesinatos, un asesinato en grado de tentativa y otros delitos relacionados con sus ataques.

El tribunal rechazó que padeciera una enfermedad mental que anulase o redujese sustancialmente su responsabilidad. La resolución consideró que actuaba con conocimiento de sus actos y con una forma de ejecución que garantizaba la indefensión de las víctimas.

Una pena nominal muy superior al tiempo efectivo

Como ocurría con el Código Penal aplicable a los hechos, la suma matemática de las condenas no equivalía al tiempo máximo de cumplimiento efectivo. Ferrándiz permaneció aproximadamente 25 años en prisión desde su detención preventiva, que era el máximo de cumplimiento que correspondía en su caso.

El 22 de julio de 2023 salió de la prisión de Herrera de la Mancha, en Ciudad Real. Su excarcelación reabrió el debate social sobre el cumplimiento máximo de las condenas por delitos extremadamente graves.

Restricciones tras recuperar la libertad

Después de salir de prisión quedó sometido a medidas que le impedían residir o acudir a Castelló de la Plana, Benicàssim y Onda hasta julio de 2028. Estas restricciones buscaban proteger a víctimas supervivientes y familiares, además de reducir el riesgo de encuentros con personas directamente afectadas por sus delitos.

La salida de prisión generó una fuerte atención mediática porque muchas personas conocían únicamente la cifra de 69 años de condena y no el límite legal de cumplimiento efectivo aplicable al caso.

Por qué el caso Ferrándiz sigue siendo estudiado

La relevancia criminológica del caso no depende solo del número de víctimas. Ferrándiz representa un ejemplo de asesino serial con antecedentes sexuales, apariencia social normalizada y capacidad para seleccionar víctimas, desplazarlas y actuar durante un periodo prolongado.

También evidenció fallos de seguimiento después de la excarcelación, el riesgo de los errores de investigación y la utilidad del análisis de patrones. El caso impulsó en España una mayor atención a las técnicas de perfilación criminal y a la gestión policial de delincuentes violentos reincidentes.

Las víctimas, el centro de la historia

El nombre del asesino se convirtió en el elemento más repetido por los medios, pero el expediente judicial existe por cinco mujeres asesinadas y por otras que sobrevivieron. Sonia Rubio, Natalia Archelós, Francisca Salas, Mercedes Vélez y Amelia Sandra García son los nombres que permiten dimensionar de forma real una serie criminal que durante años sembró el miedo en Castellón.

Contar el caso con rigor implica evitar convertir al agresor en un personaje mítico. La importancia histórica está en comprender cómo fue detectado, por qué pudo reincidir después de una condena previa, qué señales permitieron conectar los crímenes y qué aprendizajes dejó la investigación.

Fuentes consultadas