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El Caso, noticias nacionales de sucesos con origen en Málaga

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Crónica Negra

El crimen del Muro de San Julián: la muerte de Encarnación Sánchez que conmocionó a Málaga en 1915

El 11 de noviembre de 1915, Encarnación Sánchez Calvo fue asesinada en Muro de San Julián, Málaga. Reconstruimos el crimen, la huida de Manuel Beltrán y su entrega cinco días después en La Trinidad.

Portada histórica del crimen del Muro de San Julián en Málaga, 1915 - El Caso Málaga
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Málaga, noviembre de 1915. El centro de la ciudad era entonces un laberinto de calles estrechas, casas de vecinos, talleres, tabernas y establecimientos que convivían a muy poca distancia unos de otros. En ese escenario, el 11 de noviembre de 1915, un crimen ocurrido en el número 15 de la calle Muro de San Julián conmocionó a la ciudad y ocupó páginas de la prensa malagueña. La víctima fue Encarnación Sánchez Calvo, de 26 años. El hombre señalado como autor, Manuel Beltrán Rueda, carpintero de 30 años, desapareció tras los hechos y permaneció cinco días oculto antes de entregarse en el cuartel de La Trinidad.

Más de un siglo después, el caso permite reconstruir no solo un asesinato, sino también una parte de la Málaga de principios del siglo XX: su geografía urbana, sus desigualdades, el funcionamiento de la justicia, la persecución policial y la forma en que la prensa de la época relataba la violencia contra las mujeres.

Una calle con siglos de historia

El Muro de San Julián no era un escenario casual. La zona se encontraba junto al antiguo trazado de la muralla medieval y durante siglos estuvo vinculada a casas de prostitución y mancebías. El estudio municipal La mirada recuperada. Memoria de mujeres en las calles de Málaga recuerda que la mancebía de la ciudad estuvo situada desde los primeros tiempos posteriores a la conquista cristiana entre las puertas de Buenaventura y Antequera, en el entorno del Muro de San Julián.

Aunque las normas y los edificios cambiaron con el paso de los siglos, a finales del XIX y principios del XX todavía existían casas de lenocinio en distintas calles del centro. El propio estudio municipal cita entre ellas Muro de San Julián, junto a otras vías como Camas, Beatas, Coronado o Juan de Padilla.

En 1915, en el número 15 de Muro de San Julián funcionaba una casa de citas regentada por María Olmedo Suárez, conocida como “la Comadre”. Ese establecimiento se convertiría el 11 de noviembre en el escenario de uno de los episodios más violentos de la crónica negra malagueña de aquellos años.

La llegada de un cliente desconocido

La reconstrucción publicada años después en la revista Ciencias Forenses, elaborada por José Manuel Frías y Salvador Valverde a partir de documentación histórica y prensa de la época, sitúa el comienzo de los hechos alrededor de la una y cuarto de la tarde.

Un hombre llamó a la puerta de la casa. Según el relato, dijo que esperaba a una mujer con la que tenía una cita. Poco después llegó Encarnación Sánchez Calvo. La propietaria del establecimiento procuró respetar la discreción de la pareja y les indicó una habitación próxima a la sala principal.

Pasaron unos minutos. Una ayudante del establecimiento advirtió a la propietaria de que el hombre estaba saliendo sin pagar. “La Comadre” trató de cobrarle, pero él aseguró que regresaría. No volvió.

Cuando la mujer entró después en la habitación encontró a Encarnación gravemente herida sobre la cama. En el suelo apareció una navaja de barbería partida. La propietaria salió a la calle pidiendo auxilio.

El juzgado y los guardias llegan al Muro de San Julián

Hasta el lugar acudieron funcionarios del Juzgado de Instrucción de la Merced y agentes de seguridad. Las fuentes históricas identifican a los oficiales Ortega y López y a los guardias Domingo Sánchez y Antonio Pozo.

Encarnación fue trasladada a la Casa de Socorro de la calle Mariblanca. Allí los sanitarios solo pudieron confirmar la gravedad extrema de las heridas. La documentación posterior describe varias lesiones incisas en el cuello, una de ellas mortal.

La violencia de la escena hizo que el caso se propagara rápidamente por Málaga. La investigación pasó a centrarse en localizar al hombre que había salido de la casa poco antes del hallazgo.

Quién era Encarnación Sánchez Calvo

Encarnación tenía 26 años y era madre de un niño. Las fuentes de la época indican que estaba casada con Antonio Ruiz Guerrero, aunque la pareja llevaba tiempo separada. Él se encontraba entonces cumpliendo servicio militar en Tetuán.

Encarnación trabajaba como peluquera. Algunas crónicas contemporáneas añadieron comentarios sobre su vida privada utilizando el lenguaje moralizante característico de aquellos años. Esa forma de narrar los hechos debe leerse hoy con cautela: buena parte de la prensa de comienzos del siglo XX tendía a juzgar públicamente la conducta de las víctimas y a interpretar los crímenes a través de prejuicios sociales y sexuales que no explican ni justifican la violencia sufrida.

Lo que sí aparece de forma reiterada en la documentación es que Encarnación mantenía desde hacía aproximadamente un año y medio una relación con Manuel Beltrán Rueda.

Manuel Beltrán Rueda, carpintero y con antecedentes

Beltrán tenía 30 años y trabajaba como carpintero. Según la reconstrucción histórica, había ingresado anteriormente en prisión en cuatro ocasiones. Una de las condenas más largas habría sido de dos años, once meses y once días por lesiones graves.

Las crónicas antiguas resumieron sus antecedentes diciendo que no era “trigo limpio”, una expresión propia del periodismo de la época. Más importante que esa etiqueta es el hecho de que los investigadores conocieron pronto su identidad y comenzaron a buscarlo tras el crimen.

Después de salir del establecimiento del Muro de San Julián, Beltrán habría entrado en un bar de la calle Capuchinos. Allí coincidió con dos conocidos, Manuel García y Antonio Castillo. Al observar manchas de sangre en sus manos, según el relato conservado, él habría explicado que procedían de una pelea.

Después se dirigió a su domicilio, situado en el número 3 de la calle San Pablo. Permaneció allí poco tiempo. La investigación recogió que se despidió de su madre llorando y le dijo que no volvería.

Una búsqueda por Málaga

La desaparición del sospechoso movilizó a agentes de seguridad y a efectivos de la Guardia Civil. El juez instructor tomó declaración a la propietaria de la casa de citas, a testigos, a familiares de la víctima y a personas del entorno de Beltrán.

El padre de Encarnación regentaba, según las fuentes consultadas, un bar en el número 51 de la calle Mármoles. También allí acudieron los investigadores. En la vivienda del sospechoso fue interrogada su hermana.

Mientras tanto, Manuel Beltrán había desaparecido.

Cinco días oculto en el Cerro Coronado

La búsqueda terminó de una forma inesperada. El 16 de noviembre de 1915, cinco días después del asesinato, Manuel Beltrán se presentó por su propia voluntad en el Cuartel de La Trinidad.

Durante su posterior declaración aseguró que había permanecido escondido en el Cerro Coronado. También afirmó que dos desconocidos le habían proporcionado ropa limpia el mismo día de los hechos y que había dejado allí la vestimenta anterior y varias armas.

Según su versión, después de cinco días se encontraba hambriento y debilitado. Esperó a que anocheciera, descendió hacia el río Guadalmedina, pasó por el Arroyo de los Ángeles y las inmediaciones del Hospital Civil y terminó dirigiéndose al cuartel de La Trinidad.

La multitud en las calles

La entrega no pasó inadvertida. El Regimiento de Borbón comunicó la detención a las autoridades y se dispuso su traslado a la cárcel.

Beltrán fue conducido por el cabo Manuel Aliaga y el soldado Eloy Pérez. El recorrido acabó convirtiéndose en un acontecimiento público. Algunos vecinos lo reconocieron y la noticia corrió rápidamente por las calles. Se formó una multitud que acompañó parte del trayecto y otra concentración esperaba en las inmediaciones de la prisión.

La documentación histórica señala que hubo insultos e intentos de aproximarse al detenido. El ingreso en la cárcel se produjo alrededor de las ocho y media de la tarde.

Cuando los militares regresaron al cuartel, el padre de Encarnación los esperaba y, según la narración conservada, los abrazó emocionado.

La fotografía que llevaba encima

Entre los objetos encontrados durante el registro del detenido apareció una fotografía de Encarnación Sánchez. Ese detalle acabaría cobrando importancia en la explicación que Beltrán ofreció al juez.

Durante varias horas declaró ante el juez instructor, identificado en las fuentes como Luis María de Masa. Beltrán sostuvo que la relación estaba deteriorada y que Encarnación había decidido abandonarlo. Según su versión, ella le reclamaba dos fotografías y ambos se habían citado para devolverlas.

El detenido alegó que durante el encuentro Encarnación había sacado una navaja y que él, para defenderse, se la había arrebatado antes de herirla.

La versión fue recibida con enorme escepticismo. La naturaleza y el número de las heridas descritas en la autopsia, junto con los antecedentes de conflicto entre ambos y la huida posterior, hicieron que la hipótesis de una simple reacción defensiva fuera cuestionada desde el primer momento.

Lo que contó La Unión Mercantil

El caso ocupó espacio en La Unión Mercantil, uno de los grandes periódicos malagueños de la época. El 17 de noviembre de 1915, al día siguiente de la entrega, publicó un artículo titulado Los ocultadores de delincuentes.

El periódico utilizó un tono durísimo contra el acusado y llegó a presentar el crimen como una acción preparada de antemano. Una de sus frases sostenía que el agresor había buscado “la indefensión de la víctima”.

Más allá del lenguaje sensacionalista propio de la época, el texto resulta interesante porque demuestra hasta qué punto el asesinato había impactado en la opinión pública malagueña y cómo la prensa rechazó prácticamente desde el comienzo la explicación de la defensa propia.

Una investigación judicial de hace más de un siglo

El caso muestra cómo funcionaba una investigación criminal en la Málaga de 1915. No existían las técnicas actuales de identificación genética, bases de datos, cámaras o telefonía móvil. La reconstrucción dependía de testigos, declaraciones, inspección del escenario, autopsia, antecedentes, interrogatorios y búsqueda física del sospechoso.

También permite ver la importancia de la ciudad como escenario. Muro de San Julián, Mariblanca, Capuchinos, calle San Pablo, Mármoles, Cerro Coronado, Guadalmedina, Arroyo de los Ángeles, Hospital Civil y La Trinidad forman una auténtica ruta del caso. Muchos de esos lugares siguen siendo perfectamente reconocibles para los malagueños de hoy.

El contexto social: la Málaga que rodeaba al crimen

La calle Muro de San Julián acumulaba una historia especialmente compleja. Según la documentación municipal, la zona llevaba vinculada a la prostitución desde hacía siglos. Ya en la Málaga de los Reyes Católicos existía allí una mancebía regulada. Posteriormente se levantó el Hospital de San Julián, pero la actividad continuó en las calles cercanas.

A comienzos del siglo XX, la prensa seguía denunciando la presencia de prostíbulos en numerosas calles del centro. Este contexto ayuda a entender por qué una casa de citas funcionaba en el número 15 y por qué un encuentro de ese tipo podía celebrarse en pleno centro de la ciudad sin resultar excepcional.

Pero el contexto no debe ocultar el núcleo del caso: una mujer de 26 años murió violentamente y el hombre con el que mantenía una relación huyó durante cinco días antes de entregarse.

Crónica negra y memoria de Málaga

Los crímenes antiguos suelen llegar hasta nosotros envueltos en expresiones, prejuicios y exageraciones de su tiempo. Reconstruirlos hoy exige separar lo documentado de lo interpretado y no reproducir sin más la mirada social de hace un siglo.

En este caso conocemos la fecha y el lugar del crimen, el nombre de la víctima, la identidad del acusado, los primeros pasos de la investigación, su huida, la entrega y buena parte de su declaración. Sin embargo, las fuentes consultadas para esta reconstrucción no permiten establecer con suficiente seguridad cuál fue la sentencia judicial definitiva. El Caso Málaga no atribuye por tanto una condena concreta sin una fuente documental que la confirme.

Eso no resta relevancia histórica al episodio. Al contrario: el asesinato de Encarnación Sánchez Calvo conserva todos los elementos de una gran historia de la crónica negra malagueña. Un escenario que aún existe, una investigación que recorrió media ciudad, una huida de cinco días, una entrega inesperada y una Málaga que salió a la calle para ver pasar al detenido.

Más de ciento diez años después, Muro de San Julián sigue en el corazón del centro histórico. Quien camine hoy por allí pasa por un lugar donde se superponen siglos de historia. Entre esas capas permanece también la memoria de Encarnación Sánchez Calvo y de aquel 11 de noviembre de 1915.

Fuentes consultadas

Esta reconstrucción se ha elaborado a partir del artículo histórico Degollada en el prostíbulo. Málaga, 11 de noviembre de 1915, de José Manuel Frías y Salvador Valverde, publicado en la revista Ciencias Forenses de la Asociación Profesional de Expertos en Ciencias Forenses (2013); de referencias contemporáneas procedentes de La Unión Mercantil citadas en dicha investigación; y del estudio municipal La mirada recuperada. Memoria de mujeres en las calles de Málaga, publicado por el Ayuntamiento de Málaga.

La imagen de portada es una composición gráfica de ambientación histórica elaborada para El Caso Málaga. No representa una fotografía real del momento del crimen.

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