El 13 de noviembre de 1983, Santiago Corella, conocido como «el Nani», fue detenido en Madrid. Horas después desapareció. La versión policial sostuvo que había logrado escapar durante una diligencia. Su familia nunca creyó ese relato y la investigación posterior acabaría revelando uno de los escándalos policiales más graves de la España de los años ochenta.
Corella era un delincuente habitual, pero su desaparición no podía explicarse por su historial. Había sido detenido en relación con el atraco a una joyería de Lavapiés en el que murió el propietario del establecimiento.
Una detención rodeada de violencia
Los testimonios sobre el arresto describieron una operación de enorme contundencia. El Nani fue trasladado a dependencias policiales y después, según la versión oficial, llevado a una zona de Vicálvaro para localizar armas relacionadas con el atraco.
La policía afirmó que allí logró huir. Sin embargo, la supuesta fuga no se comunicó de inmediato y las contradicciones empezaron a multiplicarse.
La familia no acepta la versión oficial
Los allegados de Santiago Corella denunciaron su desaparición y señalaron directamente a los agentes que lo habían detenido. La presión pública y periodística mantuvo vivo un caso que inicialmente parecía condenado al silencio.
Con el tiempo aparecieron testimonios sobre torturas y prácticas ilegales dentro de determinados grupos policiales. El caso Nani pasó a formar parte de una investigación mucho más amplia sobre agentes relacionados con robos, extorsiones y violencia.
Juicios y condenas
El proceso judicial terminó con condenas contra varios policías por la detención ilegal y desaparición del Nani. Sin embargo, nunca apareció su cuerpo y nunca pudo reconstruirse con absoluta certeza dónde terminó su vida.
Un desaparecido que se convirtió en símbolo
La historia ha sido objeto de libros, documentales y producciones audiovisuales. El caso sirve para retratar una etapa en la que determinadas unidades policiales actuaron al margen de la ley mientras una parte de la sociedad comenzaba a exigir controles y responsabilidades.
Más de cuatro décadas después, la pregunta esencial sigue sin respuesta: ¿dónde está Santiago Corella? La justicia estableció responsabilidades, pero la ausencia de sus restos convirtió el caso en una herida que nunca terminó de cerrarse.