Málaga, agosto de 1913. Un niño llamado Manuel Sánchez Domínguez, Manolito, desapareció de las calles de la ciudad y fue hallado muerto junto a los cañaverales próximos a las tapias de la antigua fundición del Martinete. El crimen fue real; el miedo que provocó, también. Pero alrededor de la investigación creció una historia de sangre, curaciones imposibles, un carruaje oscuro y un cliente poderoso cuya existencia nunca quedó demostrada.
El caso obliga a trabajar con dos planos distintos. De un lado están la desaparición, el hallazgo, las detenciones y las diligencias judiciales. De otro, la leyenda del «sacamantecas» malagueño, alimentada por temores populares que ya circulaban en España tras otros crímenes contra menores. Mezclarlos como si todo tuviera el mismo grado de certeza sería repetir el mecanismo que convirtió una causa criminal en relato de terror.
La desaparición de Manolito
Las reconstrucciones coinciden en que el menor pertenecía a una familia humilde vinculada a un puesto ambulante y que desapareció en agosto de 1913. No coinciden, sin embargo, en todos los detalles cronológicos: algunas fijan el inicio del episodio el día 7 y otras sitúan el hallazgo o las noticias decisivas el 16. Por esa razón no presentamos una fecha única como indiscutible.
El cadáver apareció en un espacio periférico y fabril, junto a vegetación y muros que ofrecían ocultación. La violencia sufrida por el niño provocó una reacción inmediata en una Málaga donde la pobreza, la mendicidad y los oficios callejeros convivían con una prensa muy atenta a los sucesos.
Dos detenidos y un sumario lleno de tensión
Los nombres que aparecen de forma reiterada en las reconstrucciones son José González Tovar, conocido como «el Moreno», y Francisco Villalba España, «el Trapero». Ambos fueron detenidos como sospechosos. Las diligencias se prolongaron durante meses y el juzgado de Santo Domingo aparece citado como órgano instructor.
La documentación divulgativa atribuye al magistrado Bellido y al fiscal García del Valle actuaciones en la causa. También sitúa el 4 de marzo de 1914 una fase relevante de las diligencias, con presencia de representantes de la Junta Provincial de Protección de la Infancia. Estos datos permiten hablar de un procedimiento judicial real, aunque la reconstrucción completa exige consultar la prensa y el sumario original.
González Tovar habría ofrecido versiones contradictorias durante los interrogatorios. Esa inestabilidad fue interpretada como un indicio de culpabilidad. Sin embargo, una contradicción no demuestra por sí sola cada elemento de un relato posterior y menos aún la existencia de autores intelectuales nunca identificados.
La sangre como remedio: el núcleo de la leyenda
La parte más famosa sostiene que el niño fue asesinado para obtener sangre destinada a tratar la enfermedad de una persona rica. Algunas versiones añadieron un aristócrata, un torero o un carruaje que habría esperado cerca del lugar. No existe base suficiente para presentar esos elementos como hechos probados.
La leyenda se entiende mejor en el clima cultural de la época. El crimen de Gádor, ocurrido en Almería en 1910, había difundido por todo el país el miedo a quienes mataban niños para emplear su sangre o grasa en supuestos remedios contra la tuberculosis. Cuando Manolito murió en Málaga tres años después, aquel molde narrativo estaba disponible y era fácil encajar en él cualquier rumor.
Eso no convierte en ficticio el crimen del Martinete. Al contrario: obliga a proteger la memoria de la víctima frente a una narración sensacionalista que terminó eclipsando su nombre. Manuel Sánchez Domínguez fue un niño asesinado; el supuesto encargo de sangre por un poderoso sigue siendo una versión no acreditada.
Qué puede afirmarse con prudencia
Puede afirmarse la existencia del menor, su muerte violenta, la conmoción social, la detención de los dos hombres citados y la apertura de diligencias. Puede explicarse que uno de los sospechosos terminó señalado en el procedimiento según las reconstrucciones disponibles. No puede darse por probada la identidad de un cliente aristocrático ni convertir el móvil terapéutico en una verdad judicial cerrada.
La propia transmisión del caso muestra cómo funcionaba la crónica negra de principios del siglo XX. El vacío informativo, las contradicciones de los detenidos y el recuerdo reciente de Gádor produjeron una explicación capaz de sobrevivir durante generaciones. La palabra «sacamantecas» hizo el resto.
Esta reconstrucción conserva deliberadamente las dudas. La fecha exacta de desaparición y hallazgo debe seguir contrastándose en la hemeroteca; la atribución individual de cada conducta exige el sumario; y la leyenda de la sangre se menciona únicamente para desactivarla como hecho probado.
Serie histórica: este artículo forma parte de la recuperación de crímenes y procesos judiciales antiguos de Málaga. También puede consultarse el caso ya publicado sobre el asesinato de Manuel Heredia Loring en 1891.
Fuentes y criterio documental
- Relato documental y legendario del crimen del Martinete
- Historias, crónicas y leyendas malagueñas
- Estudio sobre el crimen de Gádor y la construcción del mito
El Caso Málaga distingue entre hechos acreditados en expedientes o prensa de época y reconstrucciones posteriores. Las versiones que no han podido confirmarse se presentan como tales.