Málaga, 6 de abril de 1987. David Guerrero Guevara tenía 14 años, una extraordinaria facilidad para el dibujo y una ilusión que parecía abrirle un camino propio en el mundo del arte. Aquella tarde salió de su casa, en la barriada 25 Años de Paz, con su bolsa de pintura, un bonobús y su carné escolar. Dijo que iba a la galería La Maison, donde se exponía por primera vez uno de sus cuadros. Nunca llegó.
La desaparición del adolescente, conocido desde entonces como el Niño Pintor de Málaga, se convirtió en uno de los expedientes más desconcertantes de la historia reciente de la ciudad. No hubo una escena del crimen, no apareció una prenda, una nota o una llamada que permitiera reconstruir de manera concluyente qué ocurrió después de que David abandonara su domicilio.
Una tarde normal que terminó en un misterio
David había asistido al colegio aquel lunes. Sus profesores no detectaron nada anormal en su comportamiento. Por la tarde, alrededor de las seis y media, tomó sus materiales de pintura y salió de casa. Su destino declarado era La Maison, una galería de Málaga que había incluido una obra suya en una exposición colectiva relacionada con la Semana Santa.
La investigación estableció pronto un dato fundamental: David no llegó a la galería ni tampoco acudió a su clase de pintura. A partir de ese punto, su rastro se desvanece. La familia sostuvo desde el principio que el menor no tenía razones para marcharse voluntariamente y que alguien pudo haber ganado su confianza.
Miles de personas salieron a la calle
La ausencia de resultados provocó una enorme movilización ciudadana. En diciembre de 1987, unas 10.000 personas recorrieron las calles de Málaga reclamando que la búsqueda no se abandonara. Sus padres, Jorge Guerrero y Antonia Guevara, encabezaron una lucha que durante años mantuvo el caso en la agenda pública.
La Policía comprobó avisos procedentes de distintos puntos de España y del extranjero. Una de las pistas llevó a agentes españoles hasta Lisboa, después de varias comunicaciones que afirmaban haber visto allí a un menor parecido a David. La vía portuguesa no produjo resultados.
La pista del ciudadano suizo
En 1990 apareció una hipótesis que durante un tiempo concentró buena parte de las pesquisas: la posible relación de un ciudadano suizo de edad avanzada con la desaparición. Los investigadores llegaron a considerar que aquel hombre pudo haber tenido algún papel en la salida del menor de Málaga. Sin embargo, nunca apareció una prueba que permitiera cerrar el caso sobre esa teoría.
Con el paso de los años surgieron otras pistas, supuestos avistamientos y llamadas de personas que aseguraban conocer el paradero del joven. Ninguna de ellas permitió localizarlo.
El dibujo que regresó más de tres décadas después
En 2019 el expediente volvió a ocupar titulares por un episodio extraordinario. Una antigua compañera de clases de dibujo recibió en su buzón una caricatura que David le había realizado poco antes de desaparecer y que había sido entregada a la Policía durante la investigación inicial. La aparición del dibujo impulsó nuevas comprobaciones periciales y nuevas declaraciones.
El episodio demostró que, más de tres décadas después, seguían existiendo elementos del caso capaces de abrir nuevas preguntas. También evidenció hasta qué punto una desaparición sin resolución puede continuar proyectándose sobre varias generaciones.
Un expediente que sigue sin explicar qué pasó
No existe una conclusión judicial que determine qué ocurrió con David Guerrero tras salir de su casa aquella tarde de abril. Las numerosas hipótesis que han circulado durante décadas deben diferenciarse de los hechos acreditados: salió de casa con intención de acudir a una actividad relacionada con la pintura, no llegó a su destino y desde entonces no existe una localización confirmada.
El caso del Niño Pintor permanece como una herida abierta de Málaga y como uno de los grandes expedientes de desaparición de España. Casi cuatro décadas después, la pregunta esencial continúa intacta: ¿qué ocurrió con David Guerrero?