Helena Jubany tenía 27 años y trabajaba como bibliotecaria cuando desapareció en Sabadell a finales de noviembre de 2001. Su cuerpo fue encontrado el 2 de diciembre en un patio interior de un edificio de la ciudad.
Antes de su muerte había recibido varios mensajes anónimos acompañados de bebidas manipuladas con sustancias sedantes. En uno de los episodios, después de beber un zumo que habían dejado junto a una nota, llegó a sentirse desorientada y no recordaba con claridad lo ocurrido durante varias horas.
El hallazgo del cuerpo abrió una investigación especialmente compleja. Helena apareció sin ropa y presentaba diversas lesiones y quemaduras. Los investigadores centraron parte de sus pesquisas en personas de su entorno excursionista, ya que algunas pistas parecían apuntar a alguien que conocía sus gustos y su domicilio.
La causa atravesó durante años cierres, reaperturas y nuevas líneas de investigación. El avance de las técnicas de análisis genético permitió revisar muestras y volver a comparar ADN con personas investigadas.
A diferencia de otros grandes casos de la crónica negra española, el asesinato de Helena Jubany no terminó durante décadas con una sentencia que estableciera de forma definitiva quién la mató.
El caso continúa siendo uno de los grandes misterios criminales de Cataluña, marcado por los anónimos, las bebidas adulteradas y una pregunta que sigue sin una respuesta judicial definitiva: quién preparó y ejecutó el crimen.