Juan Díaz de Garayo pasó a la historia como «el Sacamantecas», uno de los criminales más conocidos de la España del siglo XIX. Tras el apodo y las leyendas populares hubo una realidad documentada: al menos seis mujeres fueron asesinadas en el entorno de Vitoria y Garayo terminó condenado a muerte y ejecutado en 1881.
Su caso pertenece a una época anterior a la policía científica, a las huellas dactilares como herramienta habitual y a cualquier forma moderna de análisis genético. Los investigadores dependían de testimonios, reconocimientos, confesiones, objetos encontrados y reconstrucciones realizadas con medios muy limitados. Por eso, la historia de Garayo permite observar tanto el nacimiento de una investigación serial como la forma en que la prensa y la tradición oral podían convertir a un asesino real en una figura casi legendaria.
Un jornalero del entorno alavés
Juan Díaz de Garayo nació en Álava en 1821 y trabajó principalmente como jornalero. Su vida transcurrió en un entorno rural donde los desplazamientos a pie y los caminos entre Vitoria y las poblaciones cercanas formaban parte de la vida cotidiana.
Ese paisaje tuvo un papel esencial en los crímenes. Varias víctimas fueron atacadas en caminos o parajes apartados, lejos de testigos y en lugares donde una persona podía desaparecer durante horas antes de que alguien advirtiera que algo había ocurrido.
Una serie de ataques a mujeres
Los hechos atribuidos y posteriormente juzgados se extendieron durante años, principalmente en la década de 1870. Las víctimas fueron mujeres y los ataques presentaron suficientes coincidencias para que, con el tiempo, las autoridades sospecharan que un mismo individuo podía estar detrás de varias muertes.
Las fuentes históricas sitúan en seis el número mínimo de asesinatos por los que Garayo quedó reconocido como responsable, además de varios ataques que no terminaron con la muerte de la víctima. La repetición de escenarios rurales y la elección de mujeres solas fueron dos constantes del caso.
Investigar asesinatos en el siglo XIX
Relacionar varios crímenes cometidos con años de diferencia era extraordinariamente difícil. No existían bases de datos nacionales, laboratorios forenses modernos ni sistemas rápidos para comparar antecedentes. Los expedientes se construían sobre declaraciones y pruebas físicas que hoy consideraríamos muy limitadas.
En ese contexto, una sucesión de muertes podía parecer durante mucho tiempo un conjunto de casos aislados. La posibilidad de un asesino que actuaba repetidamente contra víctimas distintas no contaba todavía con el marco criminológico que hoy denominamos asesinato serial.
La detención de Juan Díaz de Garayo
Las sospechas acabaron concentrándose en Garayo después de nuevos ataques y de testimonios que permitieron estrechar el círculo. Tras su arresto, las autoridades reconstruyeron episodios anteriores y analizaron su posible relación con muertes ocurridas durante años.
Las confesiones fueron uno de los elementos utilizados en el procedimiento, junto con otros indicios reunidos por la justicia de la época. El caso despertó un interés excepcional y pronto trascendió el ámbito judicial para convertirse en un acontecimiento social.
El «Sacamantecas»: cómo nació una leyenda
El apodo de «Sacamantecas» conectaba con un personaje anterior del folclore popular español: una figura imaginaria utilizada para asustar a los niños y asociada a historias sobre criminales que extraían grasa humana. La prensa y la tradición oral terminaron superponiendo esas leyendas al expediente real de Garayo.
Es importante separar ambas cosas. Que Garayo fuera un asesino condenado está documentado. Muchas de las historias macabras que posteriormente se atribuyeron al «Sacamantecas» pertenecen al terreno de la exageración, el rumor o el folclore y no deben presentarse como hechos probados.
La prensa convirtió el proceso en un fenómeno nacional
Los crímenes despertaron un enorme interés en la prensa de la época. Se publicaron relatos, folletos y reconstrucciones que prometían ofrecer detalles de la vida del acusado y de sus delitos. Algunas buscaban documentar el proceso; otras explotaban el componente sensacionalista.
En 1881, Ricardo Becerro de Bengoa publicó una obra titulada El Sacamantecas: su retrato y sus crímenes, presentada como una narración elaborada a partir de datos auténticos. La existencia de este tipo de publicaciones muestra hasta qué punto el caso ya era un fenómeno mediático antes incluso de que existieran los medios de comunicación de masas del siglo XX.
Un caso observado también por médicos y juristas
El proceso coincidió con un momento en el que la medicina legal y las primeras teorías criminológicas intentaban explicar por qué algunas personas repetían conductas extremadamente violentas. Garayo fue examinado y discutido no solo como acusado, sino también como objeto de estudio.
La pregunta sobre si actuaba por enfermedad mental, por impulsos incontrolables o con plena responsabilidad era decisiva porque podía afectar a la pena. La justicia terminó considerándolo responsable de sus actos.
La condena a muerte
Garayo fue condenado a muerte. La sentencia cerró judicialmente una serie de crímenes que había mantenido en alerta al entorno de Vitoria durante años y que había generado una enorme repercusión pública.
El procedimiento se desarrolló en un sistema penal muy distinto del actual, en el que la pena capital seguía formando parte de las sanciones disponibles para los delitos más graves.
La ejecución en Vitoria en 1881
Juan Díaz de Garayo fue ejecutado en Vitoria el 11 de mayo de 1881 mediante garrote vil. Con su muerte terminó el proceso penal, pero comenzó la permanencia del personaje en la memoria popular.
Durante generaciones, el nombre «Sacamantecas» siguió utilizándose en relatos familiares y cuentos para asustar a los niños. En muchos de esos relatos, el Garayo histórico y el monstruo imaginario acabaron siendo prácticamente indistinguibles.
Seis asesinatos documentados frente a decenas de leyendas
Una de las mayores dificultades al reconstruir hoy el caso es precisamente separar documentación y mito. Algunas narraciones posteriores añadieron víctimas, motivaciones o prácticas que no aparecen acreditadas de forma consistente en las fuentes históricas.
Los trabajos más rigurosos sitúan el núcleo comprobado en al menos seis mujeres asesinadas y varios intentos o ataques. Esa cifra ya convierte el caso en uno de los episodios de violencia serial más relevantes de la España del siglo XIX sin necesidad de recurrir a exageraciones.
El valor histórico del expediente
El Sacamantecas es importante para la crónica negra española por tres motivos. Primero, porque documenta una serie de homicidios cometidos por un mismo agresor en una época muy temprana. Segundo, porque muestra las limitaciones de una investigación sin herramientas forenses modernas. Y tercero, porque permite estudiar cómo la prensa transforma un expediente criminal en un mito cultural.
La historia también sirve para recordar que los apodos pueden deshumanizar el relato. Detrás de la figura convertida en leyenda hubo mujeres asesinadas y familias afectadas por crímenes reales. El rigor histórico exige mantener esa diferencia entre el personaje construido por la cultura popular y los hechos que pueden documentarse.