Nepal afronta una de las mayores catástrofes naturales de su historia reciente. El balance de las riadas y deslizamientos que golpearon el norte del país a finales de agosto ha ascendido a al menos 1.295 fallecidos, mientras miles de personas continúan desaparecidas y los equipos de emergencia siguen trabajando entre toneladas de barro, roca y escombros.
En medio de una tragedia de dimensiones extraordinarias, una operación de rescate ha devuelto algo de esperanza. Dos trabajadores de la central hidroeléctrica Trishuli 3A fueron localizados y extraídos con vida después de pasar alrededor de nueve días atrapados en un túnel afectado por la inundación.
Un rescate casi imposible
Los dos hombres quedaron aislados cuando una gigantesca avenida de agua, lodo y restos arrasó infraestructuras situadas en el corredor del río Trishuli. Los rescatistas consiguieron acceder al túnel tras jornadas de excavación y búsqueda en condiciones extremas. Uno de los supervivientes necesitó atención médica urgente tras ser trasladado a Katmandú.
La operación ha alimentado la esperanza de que todavía pueda haber más personas con vida en galerías y estructuras subterráneas. Las autoridades han centrado una parte importante de los trabajos en centrales hidroeléctricas de la zona, donde centenares de empleados quedaron incomunicados tras el desastre.
Miles de desaparecidos y pueblos arrasados
El último balance difundido por las autoridades nepalesas sitúa el número de desaparecidos en torno a 4.900 personas. Entre ellos figuran ciudadanos extranjeros y, según fuentes oficiales citadas por medios españoles, también habría españoles aún sin localizar.
La catástrofe comenzó el 26 de agosto en una región montañosa próxima a la frontera con el Tíbet. Los primeros análisis apuntan a un colapso de hielo y roca en la alta montaña que habría desencadenado una enorme masa de agua y materiales montaña abajo. El fenómeno destruyó viviendas, carreteras, puentes y proyectos hidroeléctricos.
La fuerza de la riada dejó comunidades enteras aisladas y obligó a desplegar equipos de rescate nacionales e internacionales. Drones, imágenes por satélite, maquinaria pesada y perros especializados están siendo utilizados para localizar a posibles supervivientes.
Una emergencia humanitaria de gran escala
Naciones Unidas y organizaciones humanitarias han lanzado un llamamiento de emergencia de casi 50 millones de dólares para atender a decenas de miles de afectados. Las prioridades son garantizar refugio, agua potable, atención sanitaria y restablecer las comunicaciones antes de que empeoren las condiciones meteorológicas en las zonas de mayor altitud.
Además de las víctimas humanas, los daños económicos son enormes. Las estimaciones oficiales sitúan las pérdidas en miles de millones de dólares, con graves impactos en viviendas, carreteras, puentes y centrales eléctricas.
Las autoridades mantienen activa la búsqueda mientras numerosas familias esperan noticias de los desaparecidos. El rescate de los dos trabajadores, después de tantos días bajo tierra, se ha convertido en uno de los pocos episodios de esperanza dentro de una tragedia que sigue abierta.
La información procede de balances oficiales, Naciones Unidas y agencias internacionales. Las cifras pueden variar a medida que avanzan las operaciones de búsqueda e identificación.