El 25 de junio de 1986, un camión cisterna cargado con ácido sulfúrico se estrelló en el puerto de Somosierra. Los padres de Juan Pedro Martínez murieron en el accidente. Del niño, que viajaba con ellos, no apareció ningún resto concluyente.
La escena parecía ofrecer una explicación inmediata: un siniestro de carretera terrible, una mercancía extremadamente corrosiva y una cabina destrozada. Pero esa explicación nunca consiguió cerrar el caso. Mientras se recuperaban los cuerpos de los adultos, la ausencia del menor abrió uno de los expedientes más desconcertantes de la crónica negra española.
Un viaje de Murcia a Bilbao
La familia había salido desde Murcia rumbo al norte. El padre de Juan Pedro, camionero profesional, transportaba una cisterna con decenas de toneladas de ácido sulfúrico. El menor viajaba con sus padres en un trayecto que, según la familia, debía terminar con unos días de descanso después del trabajo.
Antes del accidente, el vehículo realizó varias paradas. Con los años, ese detalle alimentó preguntas sobre lo que pudo ocurrir durante la ruta y si alguien pudo haber tenido contacto con la familia antes del siniestro.
El accidente y la gran incógnita
El camión perdió el control en la antigua N-I, en las inmediaciones de Somosierra. El impacto fue devastador. Los padres murieron, pero los investigadores no encontraron un cuerpo que pudiera atribuirse con certeza al niño. Durante años se planteó que el ácido podría haber destruido sus restos, una hipótesis que nunca consiguió convencer a la familia y que no resolvió las contradicciones del caso.
La búsqueda se amplió. Se inspeccionó la zona, se revisaron testimonios y se difundió masivamente la imagen de Juan Pedro. La familia empapeló España con carteles y recurrió también a investigadores privados.
La pista de la furgoneta y las hipótesis
Una de las líneas más repetidas con el paso del tiempo habla de una furgoneta vista en las proximidades. También surgieron especulaciones sobre narcotráfico y sobre la posibilidad de que el niño hubiera sido sacado del lugar antes o inmediatamente después del accidente. Ninguna de esas teorías ha podido demostrarse de forma concluyente.
La falta de restos, la violencia del siniestro, los movimientos previos del camión y los testimonios posteriores han mantenido vivo el misterio. Cada aniversario reactiva la misma pregunta que acompaña al expediente desde 1986: si Juan Pedro no murió en el accidente, ¿quién se lo llevó y por qué?
Un caso que sigue abierto en la memoria colectiva
La desaparición del niño de Somosierra ha sido revisada durante décadas por medios, investigadores y programas especializados. Su fuerza como caso criminal no está solo en lo ocurrido, sino en la ausencia de una respuesta final. Hay un accidente, dos fallecidos identificados y un menor cuyo destino nunca pudo acreditarse.
Cuarenta años después, la imagen de Juan Pedro sigue asociada a uno de los mayores enigmas de la historia reciente de España. No hay una resolución judicial definitiva que explique qué ocurrió con él. El expediente permanece como una historia de carretera, desaparición y silencio que nunca encontró un final.