Estepona (Málaga), 9 de noviembre de 1987. Mélodie Nakachian era una niña de corta edad cuando fue secuestrada muy cerca de su casa en la Costa del Sol. Hija de la cantante coreana Kimera y del financiero libanés Raymond Nakachian, su desaparición puso en marcha una de las operaciones policiales más mediáticas de la España de los años ochenta.
Un secuestro a plena luz del día
La mañana del 9 de noviembre, Mélodie viajaba hacia el colegio cuando varios hombres encapuchados interceptaron el vehículo en el que se desplazaba con familiares. Los secuestradores se llevaron a la niña y dejaron atrás una familia sumida en la incertidumbre.
Desde el principio, la Policía consideró que el móvil era económico. La familia recibió comunicaciones relacionadas con un rescate y pidió pruebas de que la menor se encontraba bien antes de realizar cualquier entrega de dinero.
Las pruebas de vida
Durante los días siguientes, el entorno familiar reclamó públicamente señales inequívocas de que Mélodie estaba en buen estado. El secuestro ocupó titulares nacionales e internacionales y generó una presión enorme sobre los investigadores.
Al mismo tiempo, los equipos policiales trabajaban sobre las comunicaciones, los movimientos de los sospechosos y los lugares que podían estar utilizándose como escondite.
Los GEO entran en escena
La investigación terminó conduciendo a una vivienda situada en la urbanización Torre Guadiaro, en San Roque (Cádiz). En la madrugada del 20 de noviembre, miembros de los Grupos Especiales de Operaciones de la Policía Nacional participaron en el dispositivo para liberar a la menor.
Mélodie fue rescatada con vida después de once días de cautiverio. Cinco personas fueron detenidas durante la operación, mientras otros implicados lograron inicialmente huir y fueron buscados posteriormente por los investigadores.
Un rescate que marcó una época
El caso tuvo una repercusión extraordinaria. La combinación de una familia conocida, la Costa del Sol de finales de los ochenta, la exigencia de un rescate y una operación de una unidad de élite convirtió el secuestro en uno de los episodios más recordados de la crónica negra malagueña.
También mostró públicamente la capacidad operativa de los GEO, una unidad creada menos de una década antes y especializada en intervenciones de especial complejidad.
La otra gran historia de 1987 en Málaga
El secuestro de Mélodie ocurrió pocos meses después de la desaparición de David Guerrero, el Niño Pintor. La liberación de la pequeña aumentó además la movilización ciudadana en torno al caso de David, cuya familia continuaba reclamando respuestas.
A diferencia de muchas historias de crónica negra, el secuestro de Mélodie tuvo el desenlace que toda familia espera: la niña volvió con vida. Por eso su caso sigue ocupando un lugar singular en la memoria de la Costa del Sol.