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El Caso, noticias nacionales de sucesos con origen en Málaga

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Crónica Negra

Dinamita Montilla: la historia del asesino en serie de Málaga, de los crímenes de los 80 a TikTok y su quinta condena

De los asesinatos de Almogía, Campanillas y El Chorro a su vida en TikTok, la investigación por Ester Estepa y la condena de 2026 por matar a David.

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José Jurado Montilla pasó de ser un nombre ligado a cuatro homicidios en la Málaga de los años ochenta a convertirse, décadas después, en un viajero que contaba su vida ante la cámara de un teléfono móvil. Bajo el nombre de «Dinamita Montilla» grabó carreteras, montañas, pensiones y conversaciones improvisadas para miles de seguidores de TikTok. Detrás de aquellas publicaciones estaba un hombre que había cumplido 28 años de prisión por matar a cuatro personas y que, en junio de 2026, recibió una nueva condena de 24 años y seis meses por el asesinato de David, un estudiante de 21 años en los Montes de Málaga.

Su historia no comienza en una red social ni en el juicio de 2026. Empieza mucho antes, en la Málaga rural donde creció, continúa en los cortijos de Almogía, los campos de Campanillas y las inmediaciones de El Chorro, atraviesa casi tres décadas de cárceles españolas y reaparece con una investigación en la que fueron decisivos una mochila, una muestra genética, registros familiares centenarios y los vídeos que él mismo colgaba en internet. A esa secuencia se suma la muerte de Ester Estepa, una mujer sevillana desaparecida en 2023, por la que Jurado Montilla continúa investigado. En ese procedimiento no existe una condena equiparable a la que ya recibió por la muerte de David.

De Campanillas a sus primeros problemas con la Justicia

José Jurado Montilla creció en el entorno de Campanillas, al oeste de Málaga capital, en un territorio donde la ciudad y el campo convivían de forma muy distinta a como lo hacen hoy. Su infancia transcurrió en una familia humilde y su trayectoria delictiva comenzó antes de los asesinatos que acabarían haciéndolo conocido. A los 18 años ingresó por primera vez en prisión a raíz de un robo. En algunos relatos de su vida aparece entonces su relación con feriantes y empleos ocasionales. No fue aquel episodio el que lo convirtió en uno de los nombres más repetidos de la crónica criminal malagueña, sino los cuatro homicidios cometidos entre 1985 y 1987.

En distintas etapas se le llamó «El Titi», apodo por el que ya era conocido, y «Dinamita Montilla», nombre que posteriormente utilizó en redes sociales. Una reconstrucción periodística relaciona este último sobrenombre con un episodio de juventud vinculado a fuegos artificiales en Galicia. El apodo, adoptado años después como identificación pública en internet, terminó desplazando casi por completo a su nombre en la conversación popular sobre el caso.

1985: el asesinato de Francisco González en Almogía

El primero de los cuatro homicidios por los que sería condenado fue el de Francisco González Rico, de 57 años, vecino de Puerto de la Torre. La víctima había acudido a un cortijo situado en el término municipal de Almogía, preocupada por los robos que se venían produciendo en la propiedad. Allí murió por un disparo de escopeta en 1985.

La precisión geográfica forma parte de la historia: González era vecino de la barriada malagueña de Puerto de la Torre, pero el crimen ocurrió en Almogía. Ambos lugares aparecen ligados al relato por razones diferentes. En las declaraciones públicas que realizó durante su vida, Jurado Montilla reconoció haber causado esa muerte, aunque sostuvo que había actuado en defensa propia. La Justicia lo condenó por el homicidio.

Aquel episodio quedó unido a una serie de muertes que se desarrollarían durante los dos años siguientes. Las víctimas no formaban un único grupo de conocidos ni fueron atacadas en un mismo lugar. Los escenarios eran espacios rurales y apartados de la provincia de Málaga, circunstancia que después adquiriría importancia en la reconstrucción de su trayectoria criminal.

1987: Antonio Paniagua y la casa de campo de Campanillas

El 15 de marzo de 1987 fue encontrado el cadáver de Antonio Paniagua Alcaide, de 46 años, antiguo chófer del cantaor Juanito Valderrama. El cuerpo apareció parcialmente carbonizado en una vivienda rural de la zona del puerto de Los Randos, en Campanillas. La muerte se incorporó a las causas por las que Jurado Montilla acabaría condenado.

Durante la investigación de aquellos crímenes, los agentes localizaron en las pertenencias de Jurado distintos objetos que contribuyeron a relacionarlo con los escenarios investigados. Entre los elementos mencionados en las reconstrucciones policiales aparecen cartuchos y efectos procedentes de una casa. La vinculación penal con la muerte de Paniagua no quedó reducida a una simple sospecha: hubo una condena judicial.

La referencia a Juanito Valderrama hizo que el nombre de la víctima trascendiera el ámbito de Campanillas. Pero Paniagua tenía una biografía propia al margen de su antiguo trabajo. Fue un hombre de 46 años asesinado en una casa de campo y su muerte forma parte esencial, junto con la de Francisco González, de la crónica negra de las barriadas y los núcleos rurales del oeste de Málaga.

Los dos turistas asesinados junto a El Chorro

En 1987 también fueron asesinados dos turistas extranjeros, uno de nacionalidad alemana y otro británica, que se encontraban acampados en el entorno de El Chorro, en el área del Desfiladero de los Gaitanes. Sus cuerpos presentaban impactos de bala y heridas de arma blanca. En los relatos policiales de la época figuran un joven alemán de 22 años y un británico de 30.

La investigación de estas dos muertes desembocó en la detención de José Jurado Montilla el 4 de mayo de 1987, en la estación de Las Mellizas, en Álora. La escena ha sido recordada durante décadas por un detalle cotidiano: los guardias civiles lo localizaron cuando esperaba el tren y comía un bocadillo. En la mochila que llevaba encontraron objetos que resultaron relevantes para las pesquisas, entre ellos una navaja que los investigadores relacionaron con los ataques a los campistas.

La detención por las muertes de los dos turistas permitió además conectar las investigaciones con los homicidios de Francisco González y Antonio Paniagua. La secuencia de cuatro asesinatos en la provincia quedó así incorporada a una larga trayectoria judicial. Jurado Montilla negó su responsabilidad en tres de aquellos crímenes, pero los tribunales lo condenaron por los cuatro.

123 años de condena y 28 años entre rejas

Las penas impuestas por los cuatro homicidios sumaron 123 años de prisión. La cifra expresa la acumulación de condenas, no el tiempo material que las leyes penales de entonces permitían cumplir de manera continuada. Jurado Montilla pasó aproximadamente 28 años encarcelado, en un largo recorrido por centros penitenciarios españoles que lo mantuvo alejado de la vida cotidiana de Málaga.

Durante ese periodo participó en actividades dentro de prisión. Las reconstrucciones de su trayectoria penitenciaria recuerdan su paso por talleres y su relación con la radio carcelaria. Llegó a desarrollar tareas de locución y dirección en una emisora vinculada a un centro penitenciario de Badajoz. Esa experiencia ayuda a explicar una particularidad que reaparecería años después: su facilidad para hablar durante largos minutos frente a una cámara y dirigirse a una audiencia como si presentara un programa.

El cambio decisivo en el cumplimiento de su pena llegó en 2013. La sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que cuestionó la aplicación retroactiva de la llamada doctrina Parot obligó a revisar cómputos penitenciarios. La doctrina había alterado la forma de aplicar determinados beneficios sobre las penas acumuladas. La revisión afectó también a Jurado Montilla y adelantó su salida respecto al tiempo que aún le restaba bajo aquel cómputo. No supuso que se anularan las condenas por los cuatro asesinatos.

El 13 de diciembre de 2013 salió de la prisión de Zuera, en Zaragoza. Tenía ya una vida prácticamente entera detrás de los muros. Las crónicas de su puesta en libertad recogen que recibió dinero para desplazarse y comprar billetes de tren hasta regresar a Málaga. Volvió a Campanillas, donde había crecido, después de casi tres décadas lejos del barrio. Su madre, una de las personas que mantuvo contacto con él durante el encarcelamiento, había fallecido años antes. Una reconstrucción de aquel regreso señala que pasó la primera noche durmiendo bajo un puente.

Ya en libertad, buscó relatar su versión de los hechos. En entrevistas defendió que solo había provocado una de las cuatro muertes por las que fue condenado. Aquella era su posición personal, distinta de las conclusiones recogidas en las sentencias. El hombre que salió de prisión en 2013 acabaría encontrando, años más tarde, una audiencia mucho mayor en los teléfonos móviles de los usuarios de TikTok.

De las carreteras de España a TikTok: el viajero llamado «Dinamita»

Tras su salida de prisión, Jurado Montilla llevó durante etapas una vida itinerante. Viajaba por pueblos y ciudades, recorría rutas a pie, utilizaba autobuses y trenes y, según relataba en sus propias publicaciones, alternaba alojamientos económicos con noches al aire libre. Con el tiempo comenzó a grabarse de forma regular para las redes sociales, especialmente en TikTok.

Su perfil, conocido como «DinamitaJuradoMontilla», mostraba paisajes, carreteras, montañas, playas y localidades por las que iba pasando. Hablaba a cámara con tono de conversación, a veces durante bastantes minutos. Comentaba lugares, relataba anécdotas, expresaba opiniones y hablaba también de su pasado penitenciario, ofreciendo su propia interpretación de los juicios que lo habían llevado a la cárcel. En otras publicaciones pedía ayuda para encontrar un lugar donde vivir o un trabajo relacionado con el cuidado del campo.

No era una cuenta multitudinaria comparada con las grandes celebridades de internet, pero sí había logrado reunir varios miles de seguidores. Para muchos espectadores era un hombre mayor que recorría España y enseñaba lo que encontraba por el camino. Sus publicaciones también incluían música, reflexiones y comentarios sobre las personas que conocía. La sucesión de vídeos ofrecía un registro de fechas, movimientos, visitas a localidades y establecimientos. Ese archivo público resultaría decisivo por razones que iban mucho más allá de las redes sociales.

La transformación de un antiguo condenado por cuatro homicidios en creador de vídeos es una de las singularidades de su biografía. No porque la actividad en TikTok borrara su pasado, sino porque permitió que cualquier persona siguiera durante meses una parte de sus desplazamientos sin necesidad de conocer quién había sido aquel hombre en los años ochenta.

Agosto de 2022: la muerte de David en los Montes de Málaga

El 29 de agosto de 2022, David, un estudiante de Ingeniería Informática de 21 años, acudió a una zona de los Montes de Málaga conocida como Los Ciegos, cercana a una propiedad familiar. Pretendía recoger algarrobas, una actividad con la que conseguía algún ingreso. Antes de morir llegó a contar a su padre y a otras personas de su entorno que se había encontrado con un hombre mayor que llevaba una escopeta. La familia inició su búsqueda cuando no regresó. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente.

La sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Málaga en junio de 2026 considera probado que José Jurado Montilla se encontró con David cuando el joven estaba en las proximidades de la finca y que, posteriormente, lo sorprendió junto a los algarrobos. Le disparó con una escopeta para la que no tenía licencia; el primer tiro alcanzó a la víctima en el cuello y, cuando cayó al suelo, recibió un segundo disparo en la cabeza. Después le sustrajo el teléfono móvil, una cartera y las llaves que llevaba entre sus pertenencias.

El asesinato ocurrió en un paraje apartado. Los investigadores de Homicidios examinaron las circunstancias del hallazgo, entrevistaron a decenas de personas y revisaron a cazadores y propietarios de fincas de la zona. No consiguieron identificar al autor de inmediato. La investigación, sin embargo, conservaba una pieza material que acabaría dando resultado: la mochila de David.

Una cremallera, el ADN y un árbol genealógico que llegó al siglo XIX

En una pieza de la cremallera de la mochila, la Policía Científica recogió vestigios biológicos. Las primeras pruebas no proporcionaron una identificación directa del sospechoso. Posteriormente se realizó un análisis más específico del cromosoma Y, útil para rastrear relaciones familiares por línea paterna.

El resultado señaló una coincidencia parcial con un perfil presente en las bases policiales. No identificaba directamente al asesino, pero abría una vía para buscar un familiar. Los investigadores consultaron registros civiles y partidas de bautismo, remontando ramas familiares hasta el siglo XIX. El trabajo se complicó por cambios de apellidos que fue necesario reconstruir en la documentación.

Entre los nombres que surgieron estaba José Jurado Montilla. Tenía antecedentes por cuatro homicidios y su trayectoria resultaba conocida para la Policía. Una vez centradas las pesquisas en él, se obtuvo una muestra genética que permitió confirmar la correspondencia con los vestigios de la mochila. La investigación científica conectó de esa manera un crimen cometido en 2022 con un hombre juzgado por otros asesinatos más de tres décadas antes.

Pero conocer su identidad no bastaba: faltaba localizarlo. Fue entonces cuando sus propias publicaciones en TikTok proporcionaron a la Policía una ruta casi continua de sus desplazamientos. Los vídeos mostraban pueblos, carreteras, alojamientos y establecimientos. Los investigadores cruzaron esa información pública con otras diligencias para situarlo.

El 16 de mayo de 2024 fue detenido en el bar Benito, en Valdebótoa, Badajoz. Había publicado imágenes sobre su estancia en la zona y sus encuentros con personas del lugar. El viajero que narraba su itinerario en internet pasó de nuevo a estar bajo custodia judicial, esta vez por la muerte del estudiante malagueño.

Ester Estepa: una desaparición en Gandía que volvió a situarlo bajo investigación

La detención de Jurado Montilla también tuvo consecuencias en otra investigación abierta. Ester Estepa, una sevillana de 42 años, había desaparecido en agosto de 2023 después de viajar por la Comunidad Valenciana. Durante aquel recorrido coincidió con Montilla, al que había conocido en un albergue de Alicante, y ambos compartieron parte de una ruta a pie por la zona de Gandía.

En los últimos días en que se tuvieron noticias de ella, Ester recibió asistencia sanitaria. Después, su familia dejó de mantener el contacto habitual con ella. Llegaron mensajes en los que se hablaba de marcharse al extranjero, incluso a Argentina, algo que sus allegados consideraron extraño. La desaparición dio lugar a una búsqueda prolongada y a la recopilación de fotografías, conversaciones y publicaciones que permitían reconstruir sus desplazamientos.

Entre ese material había imágenes de Ester con José Jurado Montilla. Él mismo contactó con su madre, relató que había coincidido con la joven y difundió mensajes y vídeos relacionados con su búsqueda. La familia buscó información sobre el hombre que había estado con ella y descubrió sus condenas anteriores. Sus sospechas pasaron a formar parte de las líneas de investigación.

En 2024 se identificaron los restos de Ester, hallados en un cañar en el entorno de Gandía. A partir de entonces, la investigación policial y judicial sobre su muerte se centró también en Jurado Montilla, una de las últimas personas con las que había estado. La vinculación de Montilla con ese crimen sigue siendo una imputación sometida a investigación judicial, y no una sexta condena. Esa distinción es fundamental al narrar su trayectoria: hay cinco homicidios por los que ha sido condenado y otro caso de muerte violenta en el que continúa investigado.

2026: el jurado popular y la nueva condena por asesinato

La Audiencia Provincial de Málaga celebró en mayo de 2026 el juicio por el asesinato de David. Durante su declaración, Jurado Montilla negó haber cometido el crimen, cuestionó las pruebas y sostuvo que no había estado en el lugar de los hechos. La acusación se apoyó en los indicios reconstruidos por la Policía, los análisis genéticos y las circunstancias establecidas durante la investigación.

El 29 de mayo de 2026 el jurado popular emitió un veredicto de culpabilidad. El 10 de junio se conoció la sentencia que lo condenó a 24 años y seis meses de prisión por asesinato, robo con violencia y tenencia ilícita de armas, con la agravante de reincidencia apreciada en la resolución. La condena incluyó además medidas de prohibición de comunicación y residencia relacionadas con familiares del joven durante treinta años.

La decisión judicial añadió el asesinato de David a los cuatro homicidios históricos por los que ya había sido castigado. En el lenguaje periodístico, la denominación «asesino en serie» se utiliza en este caso para describir una sucesión de crímenes separados en el tiempo, cometidos contra distintas víctimas y por los que existen condenas penales. No es una calificación clínica ni sustituye los tipos delictivos recogidos en las sentencias.

La historia de Montilla llega a la televisión y a Netflix

La notoriedad del caso fue creciendo con la investigación policial y la difusión de sus vídeos. Programas televisivos de sucesos revisaron los cuatro asesinatos de los años ochenta, el paso por prisión, su regreso a la calle y la forma en la que las publicaciones de TikTok habían ayudado a reconstruir sus movimientos.

En marzo de 2026, Netflix estrenó la miniserie documental El asesino de TikTok, centrada especialmente en la desaparición de Ester Estepa y en el recorrido del hombre con el que había coincidido. Sus dos episodios incorporan testimonios familiares, material audiovisual y la huella digital dejada por Montilla. El documental llevó la historia fuera del ámbito local y la convirtió en un relato conocido por espectadores de otros países, aunque la investigación de Ester todavía no tuviera una sentencia condenatoria contra él.

La aparición de documentales y reportajes no cambia la secuencia judicial. Los cuatro homicidios de los años ochenta están respaldados por condenas; el asesinato de David recibió una nueva sentencia en junio de 2026; y la muerte de Ester Estepa sigue un procedimiento distinto. La dimensión pública de Montilla se construyó sobre esas tres etapas y sobre una paradoja: los vídeos con los que pretendía contar su propia historia sirvieron también a los investigadores para localizarlo.

Décadas después del cortijo de Almogía, la casa de campo de Campanillas y la acampada de El Chorro, el nombre de José Jurado Montilla volvió a los tribunales malagueños por un asesinato ocurrido en otro paraje rural de la provincia. Su recorrido personal quedó marcado por esas víctimas, por una larga condena penitenciaria y por la nueva muerte que la Justicia le atribuyó en 2026. Entre ambas épocas cambió casi todo: las carreteras, los medios de comunicación, las herramientas de investigación y la manera de dejar rastro. Las víctimas y sus familias siguieron siendo el centro de una historia que empezó en Málaga y terminó conocida mucho más allá de ella.

Documentación: Onda Cero, reconstrucción de los crímenes y de la investigación policial; Agencia EFE, sentencia del 10 de junio de 2026; y Netflix, ficha oficial de El asesino de TikTok.